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viernes, 9 de octubre de 2026

El viejo cárdigan azul de papá


Ahora cuelga del respaldo de la silla de la cocina
en la que siempre me siento, como colgaba
del respaldo de su silla de la cocina en la que siempre se sentaba.

Me lo pongo siempre que entro,
como él, sacudiendo
las botas para limpiar la nieve.

Me lo pongo y me siento en la oscuridad.
Él no haría esto.
Esquirlas de frialdad caen de la luna, un hueso en el cielo.

Sus leyes eran secretas.
Pero recuerdo el momento en el que supe
que estaba perdiendo el juicio dentro de sus leyes.

Cuando llegué, esperaba en la curva de la entrada.
Tenía puesto el cárdigan azul con los botones abrochados hasta arriba.
No fue sólo que era una tarde calurosa de julio

fue su mirada;
parecía un niñito al que una tía había vestido temprano
antes de un largo viaje

en trenes fríos y andenes ventosos
sentado muy derecho en su butaca
mientras las sombras como largos dedos

arriba de los almiares que pasan
lo siguen sorprendiendo
porque viaja al revés.

Anne Carson

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