viernes, 10 de agosto de 2018

El amor es como la música


El amor es como la música,
me devuelve con las manos vacías,
con el tiempo que se enciende de golpe
fuera del paraíso.
Conozco una isla,
mis recuerdos,
y una música futura,
la promesa.

Y voy hacia la muerte que no existe,
que se llama horizonte en mi pecho.
Siempre la eternidad a destiempo.

viernes, 3 de agosto de 2018

Pueblos


En los pueblos pequeños
las tareas del hombre son sencillas,
la esperanza

El pueblo no repara
si es tregua o desamparo
Pertenecemos a un mundo
más vasto que nosotros

Piedad; estilo alto del silencio alto
las manos que sostienen la certeza
de los lugares diarios

Hacer es estar solos
con el sueño de todos cuando duermen,
a veces, aún más solos:
Construir es la única decencia, eso es saber.
La novedad que insiste
hasta el estado de naturaleza

El prolongado camino de las explicaciones
la historia no es un tiempo, son fragmentos,
de la inocencia imposible de por qué o para qué
El día que la palabra cuenta
no da cuenta del día: recortes,
de las buenas, trozos de una dirección;
desatención
u ocultamiento atento de su identidad.

Apenas la poesía es reconocimiento, los derrotados,
son la realidad

La palabra que cuenta en cada instancia
es el silencio doble de su compañía,
el aliento que pesa
el amor vuelto a casa
la noche desigual. La actual viveza de,
aquella y esta
noche desigual.

viernes, 27 de julio de 2018

Cerrando los ojos

Retrato de Manuel Altolaguirre por José Moreno Villa, 1949. 

Huyo del mal que me enoja
buscando el bien que me falta.
Más que las penas que tengo
me duelen las esperanzas.

Tempestades de deseos
contra los muros del alba
rompen sus olas. Me ciegan
los tumultos que levantan.

Nido en el mar. Cuna a flote.
La flor que lucha en el agua
me sostiene mar adentro

y mar afuera me lanza.
Cierro los ojos y miro
el tiempo interior que canta.

viernes, 20 de julio de 2018

La luna blanca...

Estancia con luna / Jorge Damiani

La luna blanca... y el frío...
y el dulce corazón mío
tan lejano... tan lejano...

¡tanto distante su mano...!

La luna blanca, y el frío
y el dulce corazón mío
tan lejano...

Y vagas notas del piano...
Del bosque un aroma arcano...
Y el remurmurar del río...

Y el dulce corazón mío
tan lejano...!


viernes, 13 de julio de 2018

Barrio sin luz














¿Se va la poesía de las cosas 
o no la puede condensar mi vida? 
Ayer —mirando el último crepúsculo— 
yo era un manchón de musgo entre unas ruinas.

Las ciudades —hollines y venganzas—, 
la cochinada gris de los suburbios, 
la oficina que encorva las espaldas, 
el jefe de ojos turbios.

Sangre de un arrebol sobre los cerros, 
sangre sobre las calles y las plazas, 
dolor de corazones rotos, 
podre de hastíos y de lágrimas.

Un río abraza el arrabal 
como una mano helada que tienta en las tinieblas: 
sobre sus aguas se avergüenzan 
de verse las estrellas.

Y las casas que esconden los deseos 
detrás de las ventanas luminosas, 
mientras afuera el viento 
lleva un poco de barro a cada rosa.

Lejos... la bruma de las olvidanzas 
—humos espesos, tajamares rotos—, 
y el campo, ¡el campo verde!, en que jadean 
los bueyes y los hombres sudorosos.

Y aquí estoy yo, brotado entre las ruinas, 
mordiendo solo todas las tristezas, 
como si el llanto fuera una semilla 
y yo el único surco de la tierra.

jueves, 5 de julio de 2018

Tarde es, amor

El poeta junto a su esposa Yolanda Pina

Volví la frente: estabas. Estuviste
esperándome siempre.
Detrás de una palabra
maravillosa, siempre.
Abres y cierras, suave, el cielo.
Como esperándote, amanece.
Cedes la luz, mueves la brisa
de los atardeceres.
Volví la vida; vi que estabas
tejiendo, destejiendo siempre.
Silenciosa, tejiendo
(tarde es, Amor, ya tarde y peligroso)
y destejiendo nieve…

viernes, 29 de junio de 2018

Las viejas campanas

José María Valverde en 1980.
Oigo viejas campanas que llegan del pasado,
campanas de la tarde en los pueblos tranquilos...
Campanas que no he visto, y ahora están cantándome
desde los dulces valles del pasado difunto.

Venid conmigo, entrad a la sombra que llega.
Cantad, pues sois tan leves que no puede decirse
si sois un sueño muerto o si es que estáis distantes,
porque la lejanía confunde espacio y tiempo.

Éste es el tiempo triste de nacer con recuerdos.
Cuando yo vine al mundo, habían muerto cosas
que he crecido esperando. Y yo no lo sabía,
las suponía cerca, tal vez tras de mi casa,
tal vez tras de esos montes a donde van los pájaros.
Y el rumor del poniente era su voz remota.

No sé, yo no sé qué eran las cosas que esperaba.
Sé que era algo sencillo. Eran dulzuras mínimas.
Quizá mañanas claras, quizá rumor de fuentes,
quizá campos amigos donde Dios paseaba,
o era el amor, a salvo del viento de la historia,
o el conversar despacio de las cosas sabidas...