viernes, 20 de julio de 2018

La luna blanca...

Estancia con luna / Jorge Damiani

La luna blanca... y el frío...
y el dulce corazón mío
tan lejano... tan lejano...

¡tanto distante su mano...!

La luna blanca, y el frío
y el dulce corazón mío
tan lejano...

Y vagas notas del piano...
Del bosque un aroma arcano...
Y el remurmurar del río...

Y el dulce corazón mío
tan lejano...!


viernes, 13 de julio de 2018

Barrio sin luz














¿Se va la poesía de las cosas 
o no la puede condensar mi vida? 
Ayer —mirando el último crepúsculo— 
yo era un manchón de musgo entre unas ruinas.

Las ciudades —hollines y venganzas—, 
la cochinada gris de los suburbios, 
la oficina que encorva las espaldas, 
el jefe de ojos turbios.

Sangre de un arrebol sobre los cerros, 
sangre sobre las calles y las plazas, 
dolor de corazones rotos, 
podre de hastíos y de lágrimas.

Un río abraza el arrabal 
como una mano helada que tienta en las tinieblas: 
sobre sus aguas se avergüenzan 
de verse las estrellas.

Y las casas que esconden los deseos 
detrás de las ventanas luminosas, 
mientras afuera el viento 
lleva un poco de barro a cada rosa.

Lejos... la bruma de las olvidanzas 
—humos espesos, tajamares rotos—, 
y el campo, ¡el campo verde!, en que jadean 
los bueyes y los hombres sudorosos.

Y aquí estoy yo, brotado entre las ruinas, 
mordiendo solo todas las tristezas, 
como si el llanto fuera una semilla 
y yo el único surco de la tierra.

jueves, 5 de julio de 2018

Tarde es, amor

El poeta junto a su esposa Yolanda Pina

Volví la frente: estabas. Estuviste
esperándome siempre.
Detrás de una palabra
maravillosa, siempre.
Abres y cierras, suave, el cielo.
Como esperándote, amanece.
Cedes la luz, mueves la brisa
de los atardeceres.
Volví la vida; vi que estabas
tejiendo, destejiendo siempre.
Silenciosa, tejiendo
(tarde es, Amor, ya tarde y peligroso)
y destejiendo nieve…

viernes, 29 de junio de 2018

Las viejas campanas

José María Valverde en 1980.
Oigo viejas campanas que llegan del pasado,
campanas de la tarde en los pueblos tranquilos...
Campanas que no he visto, y ahora están cantándome
desde los dulces valles del pasado difunto.

Venid conmigo, entrad a la sombra que llega.
Cantad, pues sois tan leves que no puede decirse
si sois un sueño muerto o si es que estáis distantes,
porque la lejanía confunde espacio y tiempo.

Éste es el tiempo triste de nacer con recuerdos.
Cuando yo vine al mundo, habían muerto cosas
que he crecido esperando. Y yo no lo sabía,
las suponía cerca, tal vez tras de mi casa,
tal vez tras de esos montes a donde van los pájaros.
Y el rumor del poniente era su voz remota.

No sé, yo no sé qué eran las cosas que esperaba.
Sé que era algo sencillo. Eran dulzuras mínimas.
Quizá mañanas claras, quizá rumor de fuentes,
quizá campos amigos donde Dios paseaba,
o era el amor, a salvo del viento de la historia,
o el conversar despacio de las cosas sabidas...

viernes, 22 de junio de 2018

Me iré sin verte


La lluvia, la interminable lluvia
cae lánguidamente.
Me iré sin verte
Y tú marchas en pos de otra aventura 
que mi pecho presiente.

Me iré sin verte.
He de hacer mi mortaja de esta lluvia
tejida con los oros de occidente.
Me iré sin verte.
Si tu amor conociera mi amargura,
honda como la muerte.
Me iré sin verte.
Entre la lluvia tenue, entre la bruma,
me iré sin verte.

viernes, 15 de junio de 2018

Soy, pero soy también el otro...

Jorge Luis Borges y María Kodama

Soy, pero soy también el otro, el muerto,
el otro de mi sangre y de mi nombre;
soy un vago señor y soy el hombre
que detuvo las lanzas del desierto.
Vuelvo a Junín, donde no estuve nunca, 
a tu Junín, abuelo Borges. ¿Me oyes, 
sombra o ceniza última, o desoyes 
en tu sueño de bronce esta voz trunca? 
Acaso buscas por mis vanos ojos 
el épico Junín de tus soldados, 
el árbol que plantaste, los cercados 
y en el confín la tribu y los despojos. 
Te imagino severo, un poco triste. 
Quién me dirá cómo eras y quién fuiste.

Junín, 1966

viernes, 8 de junio de 2018

Amor desesperado

Desechad tristezas y melancolías.
 La vida es amable, tiene pocos días y tan sólo ahora la hemos de gozar.

Amor. Dibujo de Federico García Lorca.

La noche no quiere venir 
para que tú no vengas 
ni yo pueda ir. 

Pero yo iré 
aunque un sol de alacranes me coma la sien. 
Pero tú vendrás 
con la lengua quemada por la lluvia de sal. 

El día no quiere venir 
para que tú no vengas 
ni yo pueda ir. 

Pero yo iré 
entregando a los sapos mi mordido clavel. 
Pero tú vendrás 
por las turbias cloacas de la oscuridad. 

Ni la noche ni el día quieren venir 
para que por ti muera 
y tú mueras por mí.