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viernes, 5 de septiembre de 2025

A las diez de la noche



De noche, tal vez a las diez, a las doce
la soledad recobra su cara de cadáver,
frente al solitario plato, como una luna, plana
el cubierto golpea su metal desolado.

Yo y mi sombra y mi hambre de amor y de manos
mi sed de palabras.

A las diez de la noche el reloj es tan nítido
que el corazón llora pausado sus mil tardes.

A las diez, a las doce, un silencio sin nada
nos dice tristemente de todos nuestros muertos
de una angustia tan honda de puñales y clavos
y de una desesperada necesidad de algo.

Pero el cuerpo está tibio y el teléfono calla
nadie dice el nombre que siempre nos nombraba
el amor, un amigo, aquel árbol, la calle,
un domingo, un regreso, una perdida carta.

Llamo a un número a ciegas, a un nombre
que no es nada.

Nadie está a las diez de la noche.

Alba Roballo

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