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Mar de Jávea / Joaquín Sorolla |
El mar frente a mí, y en mí
las incandescentes playas.
Deliro, pero no tanto
que no sepa quién me llama,
quién combate mis orillas,
quién amontona las algas,
quién sisea, rumia y gime
por promontorios y calas;
quién está dando extensión
a esta llanura sin ramas,
a esta sed inextinguible
de anegarse.
Deliro, pero no tanto
que no sepa quién me llama,
quién combate mis orillas,
quién amontona las algas,
quién sisea, rumia y gime
por promontorios y calas;
quién está dando extensión
a esta llanura sin ramas,
a esta sed inextinguible
de anegarse.
¿Lloras? ¿Cantas?
¿Estás llorando de veras?
¿No es mentira que lo cantas?
¿Es que puede haber un mar
que no rompa en una playa?
Y esta playa existe, soy:
este mar existe, brama,
y esas arenas se extienden
calcáreas y milenarias.
¿Quién contará las arenas,
las arenillas? ¡Contadlas!
Contadme. Sabed quién soy,
de una vez. No miento. Basta.
¿Estás llorando de veras?
¿No es mentira que lo cantas?
¿Es que puede haber un mar
que no rompa en una playa?
Y esta playa existe, soy:
este mar existe, brama,
y esas arenas se extienden
calcáreas y milenarias.
¿Quién contará las arenas,
las arenillas? ¡Contadlas!
Contadme. Sabed quién soy,
de una vez. No miento. Basta.