Después vinieron los Relojes.
María Elena Walsh
Después vinieron los Relojes.
María Elena Walsh
-I-
En mi sueño viven los árboles
una vida maravillada;
dan sombra al oscuro deseo,
miran ríos de silencio y de llama
y se quedan siempre en reposo
-hojas que no dan paso al aire,
troncos que son vivas columnas
y sostenes de cielo extraños.
-Un silencio sin color ni forma
tiene refugio en estos árboles.
-II-
Salgo del sueño como de un mar vivo
con las mejillas aún mojadas
y entro en un valle por el que camino
hendiendo el aire con mi alma.
Ahora encuentro estos árboles vivos
cuyas hojas dan paso al aire
-firmes troncos en que me apoyo!
fuentes despiertas de mi alma!
-III-
Llego a los bosques con un paso mío
y sobre la tierra descanso.
Árboles altos y deslumbrados
me van guardando,
y cada hoja es un espejo
del cielo lento del verano.
Por estos troncos
va mi mirada caminando
hacia la copa desenvuelta
donde mil espejos dorados
brillan despiertos y reflejan
la luz de un día inolvidable.
Estas ramas del mediodía
son las que en una noche he amado
-sombrío camino hacia una fuente;
secretas, dulces altas ramas,
por donde asoman las estrellas
en mi noche más sosegada.
-IV-
Puedo robar un solo árbol,
mirarlo a él solo;
vivir la vida de sus hojas,
como va el aire, acariciándolas,
con una mano de seda o llama
entre los pájaros que cantan.
Ya me abandono y me deslumbro
para mirar, como mi árbol,
el paso dulce de las nubes
el quieto ardor del aire!
No hay mar, ni arroyo, ni lento lago;
pero este árbol
es fresco y vivo como el Agua
-es hermano del Agua..-
Y el mar lejano me sonríe
en cada hoja de este árbol.
-V-
Como los seres dulces, callados,
van llegando otros árboles.
Crece el bosque y yo me levanto,
entre ardientes columnas avanzo
-¡me toca el aire entre los árboles!
Crece el bosque y ya vienen todos mis árboles.
Vienen aquellos que en el tiempo
todavía cantan!
Los que en mi infancia acariciaba;
otros que he visto desgajados
entre los vientos y naufragios,
y aquellos árboles extraños
frescos y vivos sobre las tumbas
o tapizándoles
de terciopelos graves el Aire!
-VI-
Ya estoy enloquecida de árboles
y me tiendo
sobre la tierra ardiente y blanda
para mirar un solo tronco
una sola copa callada,
la sombra de un árbol solo
que me recuerde los de mi sueño
y me sonría como el Agua!
Esther de Cáceres
Verano, verano rey,
del abrazo incandescente,
sé para los segadores
¡dueño de hornos ! Más clemente.
Abajados y doblados
sobre sus pobres espigas,
ya desfallecen. ¡Tú manda
un viento de alas amigas !
Verano, la tierra abrasa :
llama tu sol allá arriba ;
llama tu granada abierta ;
y el segador, llama viva.
Las vidas están cansadas
del producir abundoso
y el río corre en huída
de tu castigo ardoroso.
Mayoral rojo, verano,
el de los hornos ardientes,
no te sorbas la frescura
de las frutas y las fuentes...
¡Caporal !, echa un pañuelo
de nube y nube tendidas,
sobre la vendimiadora,
de cara y manos ardidas !
Gabriela Mistral
Dicen que la Navidad
es época de regalos,
y eso eso cierto, no son malos,
y al niño traen felicidad.
Pero si hay algo que es verdad
es que más que dar presentes,
Navidad es crear puentes
de amor y paz en familia,
todos juntos, en vigilia
uniendo así almas y mentes.
Juan Ortiz