Yo
tengo mis recuerdos asidos a tus hojas,
yo
te amo como se ama la sombra del hogar,
risueño
compañero del alba de mi vida,
seibo
esplendoroso del regio Paraná.
Las
horas del estío pasadas a tu sombra,
pendiente
de tus brazos mi hamaca guaraní,
eternas
vibraciones dejaron en mi pecho,
tesoro
de armonías que llevo al porvenir.
Y
muchas veces, muchas, mi frente enardecida,
tostada
por el rayo del sol meridional,
brumosa
con la niebla de luz del pensamiento,
buscó
bajo tu copa frescura y soledad.
Allí,
bajo las ramas nerviosas y apartadas,
teniendo
por doseles tus flores de carmín,
también
su hogar aéreo suspenden los boyeros,
columpio
predilecto del céfiro feliz.
Se
arrojan en tus brazos, pidiéndoles apoyo,
mil
suertes de lanas de múltiple color;
y
abriendo victorioso tus flores carmesíes,
guirnalda
de las islas, coronas su mansión.
Recuerdo
aquellas ondas azules y risueñas
que
en torno repetían las glorias de tu sien,
y
aquellas que el pampero, sonoras y tendidas,
lanzaba
cual un manto de espumas a tu pie.
Evoco
aquellas tardes doradas y tranquilas,
cargadas
de perfumes, de cantos y de amor,
en
que los vagos sueños que duermen en el alma
despiertan
en las notas de blanda vibración.
Entonces
los rumores que viven en tus hojas,
confunden
con las olas su música fugaz,
y
se oyen de las aves los vuelos y los roces,
vagando
entre las cintas del verde totoral.
¡Momentos
deliciosos de olvido, de esperanza!
¡Destellos
que iluminan la hermosa juventud!
¡Aquí
es donde se sueña la virgen prometida
y
es lumbre de sus ojos la ráfaga de luz!
Amigo
de la infancia, te pido de rodillas
que
el día en que a mi amada la sirvas de dosel,
me
des una flor tuya, la flor mejor abierta,
para
ceñir con ella la nieve de su sien.
¡Que
nunca Dios me niegue tu sombra bienhechora,
seibo
de mis islas, señor del Paraná!
¡Que
pueda con mis versos dejar contigo el alma
viviendo
de tu vida, gozando de tu paz!
¡Ah!
¡Cuando nada reste de tu cantor y seas
su
solo monumento, su pompa funeral,
yo
sé que en la corteza de tu musgoso tronco
alguna
mano amiga mi nombre ha de grabar!
Rafael
Obligado
1851-1920
Aclaración: El Seibo_ título original del autor