Redes

viernes, 21 de abril de 2023

Poema

El caminante sobre el mar de nubes / C. D. Friedrich

El mundo se ha tornado frágil
como una copa de cristal,
las ciudades y las montañas
y el mismo océano natal.
Tan vulnerable es una roca
como una rosa en su rosal,
y duda y tiembla a nuestros pasos
la arena, arena del playal.
Tan presto puede todo hundirse
que si la miras ya no alcanza.
La tierra se ha hecho tan insólita
que no devuelve la esperanza.
Viejo, muchacha, niño sube
cada uno a salvarse en su nube
pues que no hay ya asilo seguro
en lo sólido y en lo duro.

Jules Supervielle

viernes, 14 de abril de 2023

Y seguimos...


Formas rotas / Franz Marc.


Y seguimos con nuestra vida mientras otros mueren por nosotros;
Una vida que, en la gloria del dulce verano, todavía
ignora la muerte, pero que sabe que la vida será
despiadada con ellos – y, en consecuencia, con nosotros.
Demasiada sangre valiosa yace en los campos de batalla,
Demasiadas coronas son hechas para un solemne pesar;
Nos levantamos del llanto, y el cruel mañana
no puede hacer otra cosa que ceder a un mayor dolor.
Todavía no ha surgido ningún dios que con justo
y firme juicio detenga este curso de la guerra
y haga cesar la destrucción; diciendo:
“La ley de la naturaleza ha sido largamente quebrantada”.
Todavía nadie se ha atrevido a extender una mano poderosa,
a ordenarle a la Muerte que se marche,
a romper la corriente de este mundo de desesperación.


Nancy Cunard

viernes, 31 de marzo de 2023

Lluvia


La Ciudad Vieja de Montevideo bajo la lluvia

Me gusta caminar en los días de lluvia.
La ciudad se transforma
bajo un cielo esfumado,
las torres se desprenden entre las nubes bajas
y triunfa una rapsodia de grises y de blancos.
Los cafés en penumbra
convidan al sueño.
En la humareda tibia fantasea el poeta.
Los cristales se empañan por un vaho ascendente
y entre sus cicatrices las figuras se alargan.
Una ciudad fantasma surge entre chaparrones,
una ciudad distinta
una ciudad más íntima.
El amor ya se instala en las ventanas altas,
el amor que la lluvia adormece y envuelve.
Me gusta caminar en los días de lluvia.
Hay un gris corrosivo que envuelve las mansardas.

Juan Carlos Legido

viernes, 24 de marzo de 2023

Presencia de otoño

                                       
Jardín Botánico de Montevideo


Debí decir te amo.
Pero estaba el otoño haciendo señas,
clavándome sus puertas en el alma.

Amada, tú, recíbelo.
Vete por él, transporta tu dulzura
por su dulzura madre.
Vete por él, por él, otoño duro,
otoño suave en quien reclino mi aire.

Vete por él, amada.
No soy yo el que te ama este minuto.
Es él en mí, su invento.
Un lento asesinato de ternura.

Juan Gelman

viernes, 17 de marzo de 2023

Si tuviera que apostar



 

 

 

Si tuviera que apostar
lo haría
por la poesía
que modifica en algo
las ópticas, perturba
el leve sentido de lo real,
desplaza
las leyes físicas del miedo,
acelera
o enlentece los pulsos,
acepta pero
no que las palabras cargan
usos domésticos
y oráculos, relaciones
cambiantes que habilitan
emociones cambiantes,
protesta al mundo,
tergiversa
lo que copia, altera
los sentidos comunes,
invade
rincones, territorios dormidos,
repele y atrae al silencio,
se posa
en el pico de los pájaros,
cae a pique
y se alza
en polvo enamorado
contra la muerte victoriosa.

Salvador Bécquer Puig

viernes, 10 de marzo de 2023

Rotundamente negra


Me niego rotundamente
a negar mi voz
mi sangre y mi piel
y me niego rotundamente
a dejar de ser yo
a dejar de sentirme bien
cuando miro mi rostro en el espejo
con mi boca
rotundamente grande
y mi nariz
rotundamente hermosa
y mis dientes
rotundamente blancos
y mi piel
valientemente negra.
Y me niego categóricamente
a dejar de hablar
mi lengua, mi acento y mi historia
y me niego absolutamente
a ser de los que se callan
de los que temen
de los que lloran
porque
me acepto
rotundamente libre
rotundamente negra
rotundamente hermosa.

Shirley Campbell Barr

viernes, 3 de marzo de 2023

Campo de amor

                                                                  

                                          

                                                                        Si muero, dejad el balcón abierto

                                                                                        Federico García Lorca

Si me muero, que sepan que he vivido
luchando por la vida y por la paz.
Apenas he podido con la pluma,
apláudanme el cantar.
 
Si me muero, será porque he nacido
para pasar el tiempo a los de detrás.
Confío que entre todos dejaremos
al hombre en su lugar.
 
Si me muero, ya sé que no veré
naranjas de la China, ni el trigal.
He levantado el rastro, esto me basta.
Otros ahecharán.
 
Si me muero, que no me mueran antes
de abriros el balcón de par en par.
Un niño, acaso un niño, está mirándome
el pecho de cristal.

Blas de Otero