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jueves, 4 de noviembre de 2010

Carta de Serrat a Montevideo


Querida Montevideo:

Ayer hablé por teléfono con Galeano y me contó que el tiempo está muy inestable por ahí. El invierno empieza a mostrar su cara de palo y los plátanos de sombra ya están arreglando sus cosas antes de echarse a dormir. Cuando nos vimos las caras por primera vez, Montevideo, verdeabas por los cuatro puntos cardinales y las muchachas se desparramaban adormiladas en los pastos del Parque Rodó, robándole el brillo al Sol del mediodía para llevárselo puesto. Era noviembre de 1969. Aquel año fue el primero de mi vida que tuvo dos primaveras. Viajé desde Buenos Aires ... (leer+)

Joan Manuel Serrat

jueves, 28 de octubre de 2010

Para la libertad



Para la libertad sangro, lucho y pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho. Dan espumas mis venas
y entro en los hospitales y entro en los algodones
como en las azucenas.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño,
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño
y aún tengo la vida.

Miguel Hernández - Serrat

lunes, 25 de octubre de 2010

12 de octubre: Nada que festejar



...El fatalismo biológico, estigma de las razas inferiores congénitmente condenadas a la indolencia y a la violencia y a la miseria, no sólo nos impide ver las causas reales de nuestra desventura histórica. Además, el racismo nos impide conocer, o reconocer, ciertos valores fundamentales que las culturas despreciadas han podido milagrosamente perpetuar y que en ellas encarnan todavía, mal que bien, a pesar de los siglos de persecución, humillación y degradación. Esos valores fundamentales no son objetos de museo. Son factores de historia, imprescindibles para nuestra imprescindible invención de una América sin mandones ni mandados. Esos valores acusan al sistema que los niega.

Hace algún tiempo, el sacerdote español Ignacio Ellacuría me dijo que le resultaba absurdo eso del Descubrimiento de América. El opresor es incapaz de descubrir, me dijo:

-Es el oprimido el que descubre al opresor.

Él creía que el opresor ni siquiera puede descubrirse a sí mismo. La verdadera realidad del opresor sólo se puede ver desde el oprimido.

Ignacio Ellacuría fue acribillado a balazos, por creer en esa imperdonable capacidad de revelación y por compartir los riesgos de la fe en su poder de profecía.

¿Lo asesinaron los militares de El Salvador, o lo asesinó un sistema que no puede tolerar la mirada que lo delata? (ver +)

Eduardo Galeano

La boca


Boca que arrastra mi boca.
Boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.
Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.

Canción que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos tremendos aletazos.
El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio.

Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros.
Astros que tiene tu boca
enmudecido y cerrado,
hasta que un roce celeste
hace que vibren sus párpados.

Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos,
que no dejarán desiertos
ni las calles ni los campos.
¡Cuánta boca ya enterrada,
sin boca, desenterramos!

Bebo en tu boca por ellos,
brindo en tu boca por tantos
que cayeron sobre el vino
de los amorosos vasos.
Hoy son recuerdos, recuerdos,
besos distantes y amargos.

Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado.

He de volver a besarte,
he de volver. Hundo, caigo
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos y enamorados.

Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado:
Vida, Muerte, Amor. Ahí quedan
escritos sobre tus labios.

Miguel Hernández

jueves, 21 de octubre de 2010

El Sabalero


Esta madrugada falleció el cantante, compositor y guitarrista José Carbajal.

...Desde niño me apasionó la lectura... y las letras me fueron ganando. Comencé a escribir desde joven y con una guitarra que compartíamos entre muchos amigos y con el paso del tiempo, me fui volviendo medio cantor, medio compositor, medio poeta. En 1967 llegué a Montevideo y me quedé trabajando en las peñas folclóricas donde cantaba mis canciones y en la biblioteca del Ministerio de Ganadería y Agricultura. Hice un disco con cuatro canciones que pasó desapercibido, hasta que en 1969 grabé mi primer LP en el que sonaron "Pantalón cortito", "La Villa Pancha" y "Sentados al cordón de la vereda", a las que la gente había rebautizado. En realidad, se llaman "Chiquillada", "La Sencillita" y "A mi gente"...

miércoles, 20 de octubre de 2010

Poema 15 del Rayo que no cesa.



    Me llamo barro aunque Miguel me llame.
    Barro es mi profesión y mi destino
    que mancha con su lengua cuanto lame.

    Soy un triste instrumento del camino.
    Soy una lengua dulcemente infame
    a los pies que idolatro desplegada.

    Como un nocturno buey de agua y barbecho
    que quiere ser criatura idolatrada,
    embisto a tus zapatos y a sus alrededores,
    y hecho de alfombras y de besos hecho
    tu talón que me injuria beso y siembro de flores.

    Coloco relicarios de mi especie
    a tu talón mordiente, a tu pisada,
    y siempre a tu pisada me adelanto
    para que tu impasible pie desprecie
    todo el amor que hacia tu pie levanto.

    Más mojado que el rostro de mi llanto,
    cuando el vidrio lanar del hielo bala,
    cuando el invierno tu ventana cierra
    bajo a tus pies un gavilán de ala,
    de ala manchada y corazón de tierra
    Bajo a tus pies un ramo derretido
    de humilde miel pataleada y sola,
    un despreciado corazón caído
    en forma de alga y en figura de ola.

    Barro en vano me invisto de amapola,
    barro en vano vertiendo voy mis brazos,
    barro en vano te muerdo los talones,
    dándole a malheridos aletazos
    sapos como convulsos corazones.

    Apenas si me pisas, si me pones
    la imagen de tu huella sobre encima,
    se despedaza y rompe la armadura
    de arrope bipartido que me ciñe la boca
    en carne viva y pura,
    pidiéndote a pedazos que la oprima
    siempre tu pie de liebre libre y loca.

    Su taciturna nata se arracima,
    los sollozos agitan su arboleda
    de lana cerebral bajo tu paso.
    Y pasas, y se queda
    incendiando su cera de invierno ante el ocaso,
    mártir, alhaja y pasto de la rueda.

    Harto de someterse a los puñales
    circulantes del carro y la pezuña,
    teme del barro un parto de animales
    de corrosiva piel y vengativa uña.

    Teme que el barro crezca en un momento,
    teme que crezca y suba y cubra tierna,
    tierna y celosamente
    tu tobillo de junco, mi tormento,
    teme que inunde el nardo de tu pierna
    y crezca más y ascienda hasta tu frente.

    Teme que se levante huracanado
    del bando territorio del invierno
    y estalle y truene y caiga diluviado
    sobre tu sangre duramente tierno.

    Teme un asalto de ofendida espuma
    y teme un amoroso cataclismo.

    Antes que la sequía lo consuma
    el barro ha de volverte de lo mismo.


    Miguel Hernández

martes, 19 de octubre de 2010

El niño Cinco Mil Millones

En un día del año 1987 nació el niño Cinco Mil Millones. Vino sin etiqueta, así que podía ser negro, blanco, amarillo, etc. Muchos países, en ese día eligieron al azar un niño Cinco Mil Millones para homenajearlo y hasta para filmarlo y grabar su primer llanto.

Sin embargo, el verdadero niño Cinco Mil Millones no fue homenajeado ni filmado ni acaso tuvo energías para su primer llanto. Mucho antes de nacer ya tenía hambre. Un hambre atroz. Un hambre vieja. Cuando por fin movió sus dedos, éstos tocaron tierra seca. Cuarteada y seca. Tierra con grietas y esqueletos de perros o de camellos o de vacas. También con el esqueleto del niño 4,999,999,999.

El verdadero niño Cinco Mil Millones tenía hambre y sed, pero su madre tenía más hambre y más sed y sus pechos oscuros eran como tierra exhausta. Junto a ella, el abuelo del niño tenía hambre y sed más antiguas aún y ya no encontraba en si mismo ganas de pensar o creer.

Una semana después el niño Cinco Mil Millones era un minúsculo esqueleto y en consecuencia disminuyó en algo el horrible riesgo de que el planeta llegara a estar superpoblado.

Mario Benedetti