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viernes, 20 de mayo de 2016

Nota XXII


huesos que fuego a tanto amor han dado 
exiliados del sur sin casa o número 
ahora desueñan tanto sueño roto 
una fatiga les distrae el alma

por el dolor pasean como niños 
bajo la lluvia ajena/una mujer 
habla en voz baja con sus pedacitos 
como acunándoles no ser/o nunca

se fueron del país o patria o puma 
que recorría la belleza como 
dicha infeliz/país de la memoria

donde nací/morí/tuve sustancia/ 
huesitos que junté para encender/ 
tierra que me entierraba para siempre.

jueves, 12 de mayo de 2016

Lo que necesito de ti


No sabes cómo necesito tu voz; 
necesito tus miradas 
aquellas palabras que siempre me llenaban, 
necesito tu paz interior; 
necesito la luz de tus labios 
¡Ya no puedo... seguir así! 
...Ya... No puedo 
mi mente no quiere pensar 
no puede pensar nada más que en ti. 
Necesito la flor de tus manos 
aquella paciencia de todos tus actos 
con aquella justicia que me inspiras 
para lo que siempre fue mi espina 
mi fuente de vida se ha secado 
con la fuerza del olvido... 
me estoy quemando; 
aquello que necesito ya lo he encontrado
pero aún ¡Te sigo extrañando!

jueves, 5 de mayo de 2016

Epitafio



Te mataron y no
nos dijieron donde
enterraron su cuerpo.

Pero desde entonces
todo el territorio
es tu sepulcro

o más bien;
en cada palmo
de territorio nacional
en que

no está tu cuerpo
tú resucitaste

Creyeron que te
mataban con una orden
de ¡fuego!

Creyeron que te
enterraban

Y lo que hacían
era enterrar una semilla.


jueves, 28 de abril de 2016

Vencidos

"Y, volviéndose a Sancho, le dijo:
–Perdóname, amigo, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en que yo he caído, de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo.
–¡Ay! –respondió Sancho, llorando–: no se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver. Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por haber yo cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más, que vuestra merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros, y el que es vencido hoy ser vencedor mañana."

viernes, 22 de abril de 2016

Sin fe



Tienes ojos oscuros.
Brillos allí que oscuridad prometen.
Ah, cuán cierta es tu noche,
cuán incierta mi duda.
Miro al fondo la luz, y creo a solas.

A solas pues que existes. 
Existir es vivir con ciencia a ciegas.
Pues oscura te acercas
y en mis ojos más luces
siéntense sin mirar que en ellos brillen.

No brillan, pues supieron.
Saber es alentar con los ojos abiertos.
¿Dudar...? Quien duda existe. Sólo morir es ciencia.

miércoles, 13 de abril de 2016

El corazón en Re menor

Washington Benavides, Alfredo Zitarrosa y Héctor Numa Moraes reunidos por el disco «Sobre pájaros y almas» (1988, historiadelamusicapopularuruguaya.com).

Pensando en vos, 
amigo-amigo, tengo 
el corazón en re-menor... 

Y guitarras se vuelven, 
cables, antenas, ramas, 
en el mundo exterior... 

Una milonga suena 
en tu voz tenebrosa 
y le nace una rosa 
a la mísera antena... 

Canta una vidalita 
la medianoche tensa 
y el mundo entero grita 
por esa voz inmensa... 

Pensando en vos, 
amigo-amigo, tengo 
el corazón en re-menor... 

Las hojas de los plátanos 
susurran tus canciones 
en el mundo exterior... 

Un candombe entristece 
lonjas de la Cuareim... 
Un “lundu” lastimero 
pregunta por “meu bem”... 
Un pajarito ciego 
canta hacia donde nace 
el sol, el sol de todos, 
cantando se deshace... 

Pensando en vos, 
hermano-hermano, tengo 
el corazón en re-menor... 

Y guitarras antiguas 
trabajan en mis venas 
en el mundo interior... 

Pensando en vos...


Washington Benavides

miércoles, 6 de abril de 2016

Arrorró mi niño



Velloncito de mi carne, 
que en mis entrañas tejí, 
velloncito friolento, 
¡duérmete apegado a mí! 

La perdiz duerme en el trébol 
escuchándole latir: 
no te turben mis alientos, 
¡duérmete apegado a mí! 

Hierbecita temblorosa 
asombrada de vivir, 
no te sueltes de mi pecho: 
¡duérmete apegado a mí! 

Yo que todo lo he perdido 
ahora tiemblo hasta al dormir. 
No resbales de mi brazo: 
¡duérmete apegado a mí!

Gabriela Mistral
(7 de abril de 1889 - 10 de enero de 1957)