viernes, 12 de julio de 2024

En algún lugar

Karla Maria Petersen Lundkvist, conocida como Maria Wine


En algún lugar
tiene que haber un rayo de luz
que disipe las tinieblas del futuro
una esperanza
que no se deje matar por el desencanto
y una fe
que no pierda inmediatamente la fe en sí misma.
En algún lugar
tiene que haber un niño inocente
al que los demonios no han conquistado aún
un frescor de vida
que no espire putrefacción
y una felicidad
que no se base en las desgracias de los demás.
En algún lugar
tiene que haber un despertador de la sensatez
que avise el peligro de los juegos autoaniquiladores
una gravedad
que se atreva a tomarse en serio
y una bondad
cuya raíz no sea simplemente maldad frenada.
En algún lugar
tiene que haber una belleza
que siga siendo belleza
una conciencia pura
que no oculte un crimen apartado
tiene que haber
un amor a la vida
que no hable con lengua equívoca
y una libertad
que no se base en la opresión de los demás.

Maria Wine

viernes, 5 de julio de 2024

Florecer es un logro



Florecer es un logro.
Damos, en ojeada distraída,
con una flor y apenas sospechamos
las circunstancias mínimas
que colaboran al radiante asunto.
Tan intrincadamente elaborada
para ser ofrecida después al mediodía
como una mariposa.
Envolver el capullo y enfrentar al gusano,
obtener el derecho del rocío,
ajustarse al calor, burlar el viento,
escapar a la abeja rondadora
para no estar en falta con la naturaleza
que la espera aquel día…
Ser una flor es una honda
responsabilidad.

Emily Dickinson

viernes, 28 de junio de 2024

He vuelto a ver los álamos dorados

Río Duero, Soria - Miguel Ángel García

He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria -barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra-.
Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.
¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!

Antonio Machado
(Campos de Castilla, 1912)

viernes, 21 de junio de 2024

La piedra, el árbol y el río


Parque Nacientes del Olimar, Treinta y Tres


Yo voy con mi sueño en anca
a lo diario del camino,
y en ese andar me conocen
la piedra, el árbol y el río.

La piedra, el árbol y el río,
con ojos que tienen tiempo,
adiós, me dicen y quedan mirando
cómo me alejo.

La piedra, el árbol y el río,
a lo largo del camino,
alientan al andasueños
que siempre llevo conmigo.

En esto de andar cantando
a lo diario del camino,
solo conocen mi rumbo
la piedra, el árbol y el río.

Cuando la noche me agarra
y oyendo grillos me acuesto,
la piedra, el árbol y el río
retozan con mi silencio.

Víctor Lima

viernes, 14 de junio de 2024

'Ta llorando



Cuando en tierras extrañas miro triste
La lejanía azul del horizonte
Siento clarito al Olimar que pasa
Y la brisa me trae olor a monte
Siento clarito al Olimar que pasa
Y la brisa me trae olor a monte
Este cielo no es el cielo de mi tierra
Y esta luna no brilla como aquella
Como aquella que alumbró mis sueños altos
Más altos que el temblor de las estrellas
Como aquella que alumbró mis sueños altos
Más altos que el temblor de las estrellas
Tantas voces y miradas tan queridas
Ya no están en el boliche, en los asados
Otros vagan sin consuelo por el mundo
Ay, paisito, mi corazón 'ta llorando
Otros vagan sin consuelo por el mundo
Ay, paisito, mi corazón 'ta llorando
Adiós sierras, montes, ríos y llanuras
Adiós Meco, Pelao, Rubio y Serrano
Chau Bilbao, Manuel y el Laucha van conmigo
Ay, paisito, mi corazón 'ta llorando
Chau Bilbao, Manuel y el Laucha van conmigo
Ay, paisito, mi corazón 'ta llorando...

José Luis Guerra

viernes, 7 de junio de 2024

Te abracé en la noche



Te abracé en la noche
Era un abrazo de despedida
Te ibas de mi vida
Te atrapó la noche
La oscuridad traga y no convida
Quedé a la deriva
Tal vez fue un derroche
Los sentimientos más bendecidos
Flotan como idos
Te besé en la noche
Con aquel beso desconocido
Que se fue contigo
Te abracé en la noche
Era un abrazo de despedida
Te ibas de mi vida
Te atrapó la noche
La oscuridad traga y no convida
Quedé a la deriva
Tal vez fue un derroche
Los sentimientos más bendecidos
Flotan como idos
Te besé en la noche
Con un sabor desaparecido
Que se fue contigo

Fernando Cabrera

viernes, 24 de mayo de 2024

El último mohicano



No tuve nada, y sin embargo, de algún modo,

comprendo que lo tuve todo

no teníamos nada, nada, salvo el miedo, el dolor,

el estupor que produce la muerte.

Cuando mataron a mi padre, nos quedamos en esa zona

de vacío que va de la vida a la muerte

dentro de esa burbuja última que lanzan los ahogados,

como si todo el aire del mundo se hubiese agotado de pronto,

ahí nos quedamos, como peces en una pecera sin agua,

como los atónitos visitantes de un planeta vacío.

Nada teníamos, aunque también es cierto que ya nada queríamos.

Recuerdo bien que a mi hermana Susi y a mí

nos dieron la noticia en el cuarto de aseo de aquel colegio

para hijas de presos políticos.

Había un espejo enorme y yo vi la palabra muerte

crecer dentro de aquel espejo hasta salir de él y alojarse

en los ojos de mi hermana

como un vapor letal y pestilente.

Nada ha logrado hacerme olvidar aquellos ojos

salvo algunas horas de amor en que Félix y yo éramos

dos huérfanos, y el rostro milagroso de mi hija.

Y nada más tuvimos durante mucho tiempo

pero mamá tuvo menos que nadie,

mamá quedó como un espejo sin azogue,

lo perdió todo, salvo un hilo delgado que la unía a nosotras.

Y por aquel inconcebible puente, como tres hormiguitas, íbamos y

veníamos a su estatua de vidrio restituyéndole el azogue.

Volvió a nosotras desde el país del hielo.

Y volvió tan absolutamente, que gracias a ella, nosotras,

que nada teníamos, lo tuvimos todo.

Mamá fue nuestro esparzo nuestro guerrero del antifaz, el país de las hadas, la abundancia dentro de la miseria,

nuestro mejor amigo, nuestro escudo contra los moros,

la enamorada de las bellas artes

la que hizo posible que papá no muriera,

la que lo fue resucitando en cada uno de sus cuadros.

Mamá fue quien nos dijo que mi padre admiraba a los griegos,

que adoraba los libros, que no podía vivir sin la música,

y que fue amigo de Unamuno.

Cierto que no tuvimos nada.

Que muchas veces nos faltaba todo

Pero aunque algunos días no comimos,

tuvimos una radio para oír a Beethoven.

Y un día de reyes de 1944 mamá y los tíos fueron al Rastro.

Nos compraron tres libros: La Cuesta encantada, Nómadas del Norte y El último mohicano.

Dios sabe cuántas veces habré leído esos libros.

Mamá nos trajo El último mohicano. Y de la mano de ese

indio solitario entramos en el mundo de lo maravilloso.

Y lo tuvimos todo para siempre.

Y ya nadie podrá quitárnoslo.


Francisca Aguirre