I
La abuela husmeaba el negro entre sus traposy cortaba cebollas y llorabaa solas desde antes de nacercon un llanto que aún vive en la cocina.Curvada como un párpado con sueñosobre una vieja tabla a turnos sigueentre sus tercas grietas repartiendoel mismo golpe, un solo llanto, un hueco.Ella está allí y no la vemos; ellase ha ido y vuelve siempre cuando el vientocorta oscuras cebollas desde el cielosobre la dura tabla de la tierra.Y si hacemos silencio la escuchamos.Y nos quedamos a llorar con ella.
II
El abuelo volaba en su paraguasy la lluvia golpeaba en los oídosel derrumbe del cielo. Y sonreía.Nunca dejó que nadie le llevarasu compañero en tantas tempestades;y lo volvía siempre a su rincóngoteando sucia nube hasta secarlo.El abuelo hoy se ha ido y ya no vuelve.Pero el paraguas sigue en aquel patioy hay que dejarlo allí porque es posibleque regrese un invierno y ya no tengacon qué cubrir su sombra y llueva siempre;debe seguir allí donde reposaen un rincón aunque no espere a nadiecon sus alas plegadas navegandocisne de luto el polvo de la tarde...
Jorge Meretta






