Alfonsina Storni
Alfonsina Storni
Multitud de la abeja!
Entra y sale
del carmín, del azul,
del
amarillo,
de la más suave
suavidad del mundo:
entra
en
una corola
precipitadamente,
por negocios,
sale
con
traje de oro
y cantidad de botas
amarillas.
Perfecta
desde
la cintura,
el abdomen rayado
por barrotes oscuros,
la
cabecita
siempre
preocupada
y las
alas
recién
hechas de agua:
entra
por todas las ventanas
olorosas,
abre
las puertas de la seda,
penetra por los
tálamos
del amor más fragante,
tropieza
con
una
gota
de
rocío
como con un diamante
y de todas las casas
que
visita
saca
miel
misteriosa,
rica y pesada
miel,
espeso aroma,
líquida luz que cae en goterones
hasta que a
su
palacio
colectivo
regresa
y en las góticas
almenas
deposita
el producto
de la flor y del
vuelo,
el sol nupcial seráfico y secreto!
Multitud
de la abeja!
Elevación
sagrada
de la
unidad,
colegio
palpitante!
Zumban
sonoros
números
que
trabajan
el néctar,
pasan
veloces
gotas
de
ambrosía:
es la siesta
del verano en las
verdes
soledades
de Osorno. Arriba
el sol clava sus
lanzas
en la nieve,
relumbran los volcanes,
ancha
como
los
mares
es la tierra,
azul es el espacio,
pero
hay
algo
que tiembla, es
el quemante
corazón
del
verano,
el corazón de miel
multiplicado,
la
rumorosa
abeja,
el crepitante
panal
de vuelo y
oro!
Abejas,
trabajadoras
puras,
ojivales
obreras,
finas,
relampagueantes
proletarias,
perfectas,
temerarias
milicias
que en el combate atacan
con aguijón
suicida,
zumbad,
zumbad sobre
los dones de la
tierra,
familia de oro,
multitud del viento,
sacudid
el incendio
de las flores,
la sed de los estambres,
el
agudo
hilo
de olor
que reúne los días,
y
propagad
la miel
sobrepasando
los continentes húmedos,
las islas
más lejanas del cielo
del Oeste.
Sí:
que
la cera levante
estatuas verdes,
la
miel
derrame
lenguas
infinitas,
y el océano
sea
una
colmena,
la tierra
torre y túníca
de
flores,
y el mundo
una
cascada,
cabellera,
crecimiento
incesante
de
panales!
Pablo Neruda
¡Qué serena va el agua!
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Juraría que he sido felizuna vez en la tierra.Pero tú no lo sepas, mi almapero tú no lo sepas.No sé el día, el año tampoco,ni el siglo siquiera,ni si fue de mañana o de tardeo noche serena.Pero yo juraría que un díafue la paz de la guerra.No sé quién estaba conmigo,si era blanca o era morena,ni si era de amor o del solotemblor de la yerba.Pero yo juraría que fueverdad verdadera.Yo de cierto no sé si fui yoo fue otro cualquiera:sólo que era feliz y que todala vida lo era.Pero tú no lo sepas, mi alma,pero tú no lo sepas.
Agustín García Calvo
Después vinieron los Relojes.
María Elena Walsh
-I-
En mi sueño viven los árboles
una vida maravillada;
dan sombra al oscuro deseo,
miran ríos de silencio y de llama
y se quedan siempre en reposo
-hojas que no dan paso al aire,
troncos que son vivas columnas
y sostenes de cielo extraños.
-Un silencio sin color ni forma
tiene refugio en estos árboles.
-II-
Salgo del sueño como de un mar vivo
con las mejillas aún mojadas
y entro en un valle por el que camino
hendiendo el aire con mi alma.
Ahora encuentro estos árboles vivos
cuyas hojas dan paso al aire
-firmes troncos en que me apoyo!
fuentes despiertas de mi alma!
-III-
Llego a los bosques con un paso mío
y sobre la tierra descanso.
Árboles altos y deslumbrados
me van guardando,
y cada hoja es un espejo
del cielo lento del verano.
Por estos troncos
va mi mirada caminando
hacia la copa desenvuelta
donde mil espejos dorados
brillan despiertos y reflejan
la luz de un día inolvidable.
Estas ramas del mediodía
son las que en una noche he amado
-sombrío camino hacia una fuente;
secretas, dulces altas ramas,
por donde asoman las estrellas
en mi noche más sosegada.
-IV-
Puedo robar un solo árbol,
mirarlo a él solo;
vivir la vida de sus hojas,
como va el aire, acariciándolas,
con una mano de seda o llama
entre los pájaros que cantan.
Ya me abandono y me deslumbro
para mirar, como mi árbol,
el paso dulce de las nubes
el quieto ardor del aire!
No hay mar, ni arroyo, ni lento lago;
pero este árbol
es fresco y vivo como el Agua
-es hermano del Agua..-
Y el mar lejano me sonríe
en cada hoja de este árbol.
-V-
Como los seres dulces, callados,
van llegando otros árboles.
Crece el bosque y yo me levanto,
entre ardientes columnas avanzo
-¡me toca el aire entre los árboles!
Crece el bosque y ya vienen todos mis árboles.
Vienen aquellos que en el tiempo
todavía cantan!
Los que en mi infancia acariciaba;
otros que he visto desgajados
entre los vientos y naufragios,
y aquellos árboles extraños
frescos y vivos sobre las tumbas
o tapizándoles
de terciopelos graves el Aire!
-VI-
Ya estoy enloquecida de árboles
y me tiendo
sobre la tierra ardiente y blanda
para mirar un solo tronco
una sola copa callada,
la sombra de un árbol solo
que me recuerde los de mi sueño
y me sonría como el Agua!
Esther de Cáceres