Redes

viernes, 22 de mayo de 2026

Sus camisas


Lágrimas de sangre / Oswaldo Guayasamín. 1973

Conservan el olor/
Agrio. Su perfume
Perdura a pesar de tintorerías/
Humedades/ manchas de pintura.
 
Extraño sus furias y sus gestos/
Su ternura y sus infinitas novias/
Sus mantras/ la voz de Bob Marley
Reiterada hasta el hartazgo.
 
Sus insomnios/ sus deseados hijos.
Su elegancia y sus disfraces.
Su modo de cerrar puertas y ventanas.
Su ropa que no me atrevo a usar
Esperando volver a ser habitada.

Hugo Achugar

 

viernes, 15 de mayo de 2026

Como un león


 

“(…) Cruzo las vías y después de vagar un rato entre los galpones y las locomotoras abandonadas me siento sobre una pila de durmientes como lo hacía cuando estaba el viejo. Naturalmente, me acuerdo de él, y después del Tito o de cualquier otro, y por supuesto, de mi hermano. De todos los que se fueron. Es como si estuvieran aquí, a esta hora. Algunos me miran, otros me dicen cosas. Yo les sonrío y a veces les respondo. Sé que tarde o temprano iré tras ellos. Tarde o temprano la vida se me pondrá por delante y saltaré al camino. Como un león”.

Haroldo Conti

viernes, 8 de mayo de 2026

La madre ahora

Las tres edades de la mujer / Gustav Klimt. 1905


Doce años atrás
cuando tuve que irme
dejé a mi madre junto a su ventana
mirando la avenida
ahora la recobro
solo con un bastón de diferencia

en doce años transcurrieron
ante su ventanal algunas cosas
desfiles y redadas
fugas estudiantiles
muchedumbres
puños rabiosos
y gases de lágrimas
provocaciones
tiros lejos
festejos oficiales
banderas clandestinas
vivas recuperados

después de doce años
mi madre sigue en su ventana
mirando la avenida
o acaso no la mira
solo repasa sus adentros
no sé si de reojo o de hito en hito
sin pestañear siquiera

páginas sepias de obsesiones
con un padrastro que le hacía
enderezar clavos y clavos
o con mi abuela la francesa
que destilaba sortilegios
o con su hermano insociable
que nunca quiso trabajar

tantos rodeos me imagino
cuando fue jefa en una tienda
cuando hizo ropa para niños
y unos conejos de colores
que todo el mundo le elogiaba
mi hermano enfermo o yo con tifus
mi padre bueno y derrotado
por tres o cuatro embustes
pero sonriente y luminoso
cuando la fuente era de ñoquis

ella repasa sus adentros
ochenta y siete años de grises
sigue pensando distraída
y algún acento de ternura
se le ha escapado como un hilo
que no se encuentra con su aguja

como si quisiera comprenderla
cuando la veo igual que antes
desperdiciando la avenida
pero a esta altura qué otra cosa
puedo hacer yo que divertirla
con cuentos ciertos o inventados
comprarle una tele nueva
o alcanzarle su bastón.

Mario Benedetti

jueves, 30 de abril de 2026

Hay un hombre en la tierra

El veterano en un nuevo campo / Winslow Homer. 1865.


Mientras tú vas a la escuela, hay un hombre en la tierra.
Mientras tú vas a jugar, o a la playa, hay un hombre en la tierra.
Hay un hombre que planta y que ara.
Que siembra y cosecha. Que arrea animales. Que esquila y carnea.
Salvo los pescados, toda la comida que a tu mesa llega, viene de la tierra.
El pan y la harina. Porotos, lentejas.
Todas las verduras vienen de la tierra. Y también la carne. Y también la yerba.
Para que tú existas y vivas y crezcas, tiene que haber tierra.
Para que tú estudies. Para que tú juegues.
Mas la tierra sola, de nada nos sirve sin el hombre en ella.
Todos dependemos del hombre en la tierra.
Tú no jugarías, ni irías a la escuela y no habría ciudades
si no hubiera, siempre, un hombre en la tierra.

Julián Murguía

viernes, 24 de abril de 2026

Cosas pendientes

Archivo Sarandy Cabrera - Biblioteca Nacional

Tantas cosas pendientes todavía
y la vida se va a los borbotones.
Entre angustiosas solicitaciones
ganar la noche y aguardar el día.

Buscar el pan para la cofradía
caer herido mientras te pospones,
contra el tiempo que escapa no hay razones
y de nada te vale rebeldía.

Tanto sueño quebrado, tanto acaso
que al fin yo me pregunto cómo ha sido
y por qué todo abriga tal fracaso.

Viendo lo por vivir y lo vivido
mientras todo se escapa paso a paso
se va la vida digo y ya se ha ido.

Sarandy Cabrera

viernes, 17 de abril de 2026

Junto al mar

Pintura del mar con olas / Alexander Dzigurski 

Si muero, que me pongan desnudo,
desnudo junto al mar.
Serán las aguas grises mi escudo
y no habrá que luchar.
Si muero que me dejen a solas.
El mar es mi jardín.
No puede, quien amaba las olas,
desear otro fin.
Oiré la melodía del viento,
la misteriosa voz.
Será por fin vencido el momento
que siega como hoz.
Que siega pesadumbres. Y cuando
la noche empiece a arder,
Soñando, sollozando, cantando,
yo volveré a nacer.

José Hierro

viernes, 10 de abril de 2026

La luna

La despedida / José Cuneo.


La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas. 

Jaime Sabines

viernes, 27 de marzo de 2026

Hace mucho tiempo, muy lejos...


Paloma de la paz / Pablo Picasso


Predicar sobre la paz y la hermandad
¡Oh!, ¡cuál puede llegar a ser el precio!
Un hombre lo hizo hace ya mucho tiempo
y le colgaron de una cruz.

Hace mucho tiempo, muy lejos,
Estas cosas ya no pasan hoy en día.

Las cadenas de esclavos
Se arrastraban por el suelo
Con las cabezas y los corazones agachados
Pero esto fue en tiempos de Lincoln
Y eso fue hace mucho tiempo.

Hace mucho tiempo, muy lejos
Cosas como ésta ya no pasan hoy en día.

Las armas de guerra se dispararon salvajemente
El mundo entero sangró
Los cuerpos de los hombres flotaron en las orillas
De océanos de barro.

Hace mucho tiempo, muy lejos,
Cosas como ésta ya no pasan hoy en día.

Un hombre tenía mucho dinero
Otro no tenía ni para comer
Un hombre vivía como un rey
El otro mendigaba en la calle

Hace mucho tiempo, muy lejos
Estas cosas ya no pasan hoy en día.

Un hombre murió por un cuchillo muy afilado
Un hombre murió por la bala de un rifle
Un hombre murió de tristeza
Al ver el linchamiento de su hijo

Hace mucho tiempo, muy lejos
Cosas como ésta ya no pasan hoy en día.

Los gladiadores se mataban los unos a los otros
Esto fue en tiempos de los romanos
La gente les vitoreaba con los ojos inyectados en sangre
Mientras los ojos y la mente se cegaban

Hace mucho tiempo, muy lejos
Cosas como ésta ya no pasan hoy en día.

Y hablar de paz y hermandad
¡Cuál puede llegar a ser el precio!
Un hombre lo hizo hace mucho tiempo
y le colgaron de una cruz.

Hace mucho tiempo, muy lejos
Cosas como ésta ya no pasan hoy en día. ¿No?

Bob Dylan

viernes, 20 de marzo de 2026

Llamo a los poetas



Entre todos vosotros, con Vicente Aleixandre
y con Pablo Neruda tomo silla en la tierra:
tal vez porque he sentido su corazón cercano
cerca de mí, casi rozando el mío.

Con ellos me he sentido más arraigado y hondo,
y además menos solo. Ya vosotros sabéis
lo solo que yo voy, por qué voy yo tan solo.
Andando voy, tan solos yo y mi sombra.

Alberti, Altolaguirre, Cernuda, Prados, Garfias,
Machado, Juan Ramón, León Felipe, Aparicio,
Oliver, Plaja, hablemos de aquello a que aspiramos:
por lo que enloquecemos lentamente.

Hablemos del trabajo, del amor sobre todo,
donde la telaraña y el alacrán no habitan.
Hoy quiero abandonarme tratando con vosotros
de la buena semilla de la tierra.

Dejemos el museo, la biblioteca, el aula
sin emoción, sin tierra, glacial, para otro tiempo.
Ya sé que en esos sitios tiritará mañana
mi corazón helado en varios tomos.

Quitémonos el pavo real y suficiente,
la palabra con toga, la pantera de acechos.
Vamos a hablar del día, de la emoción del día.
Abandonemos la solemnidad.

Así: sin esa barba postiza, ni esa cita
que la insolencia pone bajo nuestra nariz,
hablaremos unidos, comprendidos, sentados,
de las cosas del mundo frente al hombre.
Así descenderemos de nuestro pedestal,
de nuestra pobre estatua. Y a cantar entraremos
a una bodega, a un pecho, o al fondo de la tierra,
sin el brillo del lente polvoriento.

Ahí está Federico: sentémonos al pie
de su herida, debajo del chorro asesinado,
que quiero contener como si fuera mío,
y salta, y no se acalla entre las fuentes.

Siempre fuimos nosotros sembradores de sangre.
Por eso nos sentimos semejantes del trigo.
No reposamos nunca, y eso es lo que hace el sol,
y la familia del enamorado.

Siendo de esa familia, somos la sal del aire.
Tan sensibles al clima como la misma sal,
una racha de otoño nos deja moribundos
sobre la huella de los sepultados.

Eso sí: somos algo. Nuestros cinco sentidos
en todo arraigan, piden posesión y locura.
Agredimos al tiempo con la feliz cigarra,
con el terrestre sueño que alentamos.

Hablemos, Federico, Vicente, Pablo, Antonio,
Luis, Juan Ramón, Emilio, Manolo, Rafael,
Arturo, Pedro, Juan, Antonio, León Felipe.
Hablemos sobre el vino y la cosecha.

Si queréis, nadaremos antes en esa alberca,
en ese mar que anhela transparentar los cuerpos.
Veré si hablamos luego con la verdad del agua,
que aclara el labio de los que han mentido.


Miguel Hernández

viernes, 13 de marzo de 2026

Como latas de cerveza vacías y colillas

Foto de Ernesto Cardenal tomada por Koen Wessing en 1980

Como latas de cerveza vacías y colillas
de cigarrillos apagados, han sido mis días.
Como figuras que pasan por una pantalla de televisión
y desaparecen, así ha pasado mi vida.
Como automóviles que pasaban rápidos por las carreteras
con risas de muchachas y músicas de radios…
Y la belleza pasó rápida, como el modelo de los autos
y las canciones de los radios que pasaron de moda.
Y no ha quedado nada de aquellos días, nada,
más que latas vacías y colillas apagadas,
risas en fotos marchitas, boletos rotos,
y el aserrín con que al amanecer barrieron los bares.

Ernesto Cardenal

viernes, 6 de marzo de 2026

Nadie ninguna soy



Nadie ninguna soy
Ningún hombre es mi cuerpo
Ningún río
Que revisen mi cuerpo
No tiene corazón
Está en la calle
Maravillosa calle
Como hoy casi es milagro
Y los hombres recuerdan
Un ultimátum ya
He vivido
Nada más
He vivido
Perdón por mi dulzura
Por no haber empuñado ni fusiles
Ni garras
Perdón por mi esqueleto decisivo y efímero
Mi violencia es una casa a fondo
Cuando de noche mueres sin aviso
Tocan la puerta
Andan.

Selva Casal Muñoz

viernes, 27 de febrero de 2026

Canto de las flores

 

Desde un rincón del día dorado
escondidas flores me llaman.
-¡Por tu amor sé escucharlas!-
Me recuerdan tu alma,
¡ay, sólo conocida por los ángeles!

Sólo flores,
las escondidas flores
cantan!

Sabemos sólo flores
sobre ellas,
apenas apoyadas
tu cara -y tu alma
y mi cara- y mi alma.

Desde un rincón del día dorado
escondidas flores me llaman.

Esther de Cáceres

viernes, 20 de febrero de 2026

Mañana gris





Se abren bocas grises
en la plancha
redonda del mar.
Tragan nubes grises
las bocas
silenciosas del mar.
Dormidos los peces,
en el fondo,
están.
Colocados en nichos, 
el cuerpo frío horizontal
duermen todos los peces
del mar.
Uno, bajo una aleta,
tiene un pequeño
sol invernal.
Su luz difusa
asciende
y abre una aurora pálida
en cada boca gris del mar.
Pasa el buque
y los peces
no se pueden despertar.
Gaviotas trazan signos de acero
sobre la inmensidad.

       Alfonsina Storni  





viernes, 13 de febrero de 2026

Oda a la abeja

 

Multitud de la abeja!
Entra y sale
del carmín, del azul,
del amarillo,
de la más suave
suavidad del mundo:
entra en
una corola
precipitadamente,
por negocios,
sale
con traje de oro
y cantidad de botas
amarillas.

Perfecta
desde la cintura,
el abdomen rayado
por barrotes oscuros,
la cabecita
siempre
preocupada
y las
alas
recién hechas de agua:
entra
por todas las ventanas olorosas,
abre
las puertas de la seda,
penetra por los tálamos
del amor más fragante,
tropieza
con
una
gota
de rocío
como con un diamante
y de todas las casas
que visita
saca
miel
misteriosa,
rica y pesada
miel, espeso aroma,
líquida luz que cae en goterones
hasta que a su
palacio
colectivo
regresa
y en las góticas almenas
deposita
el producto
de la flor y del vuelo,
el sol nupcial seráfico y secreto!

Multitud de la abeja!
Elevación
sagrada
de la unidad,
colegio
palpitante!

Zumban
sonoros
números
que trabajan
el néctar,
pasan
veloces
gotas
de ambrosía:
es la siesta
del verano en las verdes
soledades
de Osorno. Arriba
el sol clava sus lanzas
en la nieve,
relumbran los volcanes,
ancha
como
los mares
es la tierra,
azul es el espacio,
pero
hay algo
que tiembla, es
el quemante
corazón
del verano,
el corazón de miel
multiplicado,
la rumorosa
abeja,
el crepitante
panal
de vuelo y oro!

Abejas,
trabajadoras puras,
ojivales
obreras,
finas, relampagueantes
proletarias,
perfectas,
temerarias milicias
que en el combate atacan
con aguijón suicida,
zumbad,
zumbad sobre
los dones de la tierra,
familia de oro,
multitud del viento,
sacudid el incendio
de las flores,
la sed de los estambres,
el agudo
hilo
de olor
que reúne los días,
y propagad
la miel
sobrepasando
los continentes húmedos, las islas
más lejanas del cielo
del Oeste.

Sí:
que la cera levante
estatuas verdes,
la miel
derrame
lenguas
infinitas,
y el océano sea
una
colmena,
la tierra
torre y túníca
de flores,
y el mundo
una cascada,
cabellera,
crecimiento
incesante
de panales!

Pablo Neruda 







viernes, 6 de febrero de 2026

Río



 ¡Qué serena va el agua!

Silencios unifica.
Espadas de cristal
a la deriva esquivan,
¡lenta espera!, sus filos:
el mar las necesita.
Pero un frescor, errante,
por el río extravía
voces enamoradas:
piden, juran, recitan
¡pulso de la corriente!
¡cómo late!: delira.
Bajo las aguas, cielos
íntimos se deslizan.
La corola del aire
profundo se ilumina.
Van más enamoradas
las voces. Van, ansían.
Yo quisiera, quisiera...
Todo el río suspira.

Jorge Guillén


viernes, 30 de enero de 2026

Juraría


Juraría que he sido feliz
una vez en la tierra.
Pero tú no lo sepas, mi alma
pero tú no lo sepas.

No sé el día, el año tampoco,
ni el siglo siquiera,
ni si fue de mañana o de tarde
o noche serena.
Pero yo juraría que un día
fue la paz de la guerra.

No sé quién estaba conmigo,
si era blanca o era morena,
ni si era de amor o del solo
temblor de la yerba.
Pero yo juraría que fue
verdad verdadera.

Yo de cierto no sé si fui yo
o fue otro cualquiera:
sólo que era feliz y que toda
la vida lo era.
Pero tú no lo sepas, mi alma,
pero tú no lo sepas.

 Agustín García Calvo

viernes, 23 de enero de 2026

En mis tiempos había tiempo



En mis tiempos había tiempo.
Recuerdo bien que por ejemplo
la higuera derramaba esparcimiento
y una rosa nos duraba
mucho más que cualquier empleo.
Por otra parte las siestas
se pedían prestadas a la muerte...

Es que era siempre tan temprano
y tan segura la abundancia,
la inundación de treguas oportunas,
que se guardaba el tiempo en los sombreros
y un día se lo derrochaba todo
en un solo saludo, saludando.

Uno viajaba en libro a todas partes
y visitaba diferentes ocios:
el de al lado, el de enfrente, el de las tías.
No se había inventado
el maleficio de la prisa, no.
De ninguna manera. Los espejos
esperaban de sobra
que uno peinara su pausado pelo,
que uno se terminara de encontrar...

Se podía llorar a gusto
porque eran lentos los rincones,
o quizás porque había aún macetas
donde depositar una lágrima
sin que las flores se opusieran.
O porque la llovizna hablaba
en un idioma sin resentimiento.

Todos usaban tiempo y lo perdíamos,
cómplices de su lujosa concurrencia,
y hasta el hastío
era un modo de ser de los balcones
que enternecía delicadamente.

Creo que todavía queda un poco
de tiempo verdadero, pero lejos.
Pero muy lejos, en algunos patios,
refugiado en aljibes.
Se queda todavía en niños solos
que reinan sobre umbrales
y en la lustrada majestad del gato.
Supongo, ya no sé, nada sabemos.

Tiempo sin ser castigo.
Yo llegué a conocerlo: está enterrado
en lo más vivo de mi corazón.

Después vinieron los Relojes.


María Elena Walsh

viernes, 16 de enero de 2026

Cuando estoy entre los árboles




Cuando estoy entre los árboles,
especialmente los sauces y las acacias,
así como las hayas, los robles y los pinos,
me inspiran una alegría inmensa.
Casi diría que me salvan, y a diario.

Estoy tan lejos de la esperanza en mí mismo,
en la que tengo bondad, discernimiento
y nunca me apresuro por el mundo,
sino que camino lentamente y me inclino a menudo.

A mi alrededor, los árboles agitan sus hojas
y gritan: «Quédate un rato».
La luz fluye desde sus ramas.

Y llaman de nuevo: «Es sencillo», dicen,
«y tú también has venido
al mundo para hacer esto, para ir tranquilo, para llenarte
de luz y para brillar».

Mary Oliver