Redes

viernes, 3 de julio de 2026

Las cosas

J. L. Borges en el Hotel Villa Igea. Palermo, 1984.  Fotografía: Ferdinando Scianna

El bastón, las monedas, el llavero,
la dócil cerradura, las tardías
notas que no leerán los pocos días
que me quedan, los naipes y el tablero,

un libro y en sus páginas la ajada
violeta, monumento de una tarde
sin duda inolvidable y ya olvidada,
el rojo espejo occidental en que arde

una ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas,
láminas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos,

ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.

Jorge Luis Borges

viernes, 26 de junio de 2026

Limón, limón, limonero



Limón, limón, limonero;
limón del patio de casa:
eras el último abuelo
que en la familia quedaba
e igual que los otros cuatro
te fuiste rumbo a la nada.
La casona solariega
quedó sin escudo de armas,
sin reloj de sol ni espejo
de una vejez y una infancia.
¡Cómo duele ver el patio
sin tu perfil de patriarca
limón, limón, limonero,
limón del patio de casa!
Pintura de tus limones
de las estrellas goteada,
perfume de novia en el aire;
bordón de abeja en tus ramas:
abajo grillos con luna, 
arriba sueños de hadas
y en torno a tu viejo tronco
cantarinas remembranzas...
¡Cómo duele ver el patio
sin tu perfil de patriarca
limón, limón, limonero,
limón del patio de casa!
Siestas aquellas, las siestas
con madre y con limonadas...
Vacaciones de la escuela
y olor a uva en las parras.
La cadena del aljibe
chirriando con la roldana...
Y allá, curvado, mi padre
regando ajíes y albahacas.
Hoy veo todo ese cuadro
en el bisel de una lágrima,
limón, limón, limonero,
limón del patio de casa
¡Cómo duele ver el patio
sin tu perfil de patriarca!

Emilio Tacconi

jueves, 18 de junio de 2026

Abuela, abuelo...

          

         I         

La abuela husmeaba el negro entre sus trapos
y cortaba cebollas y lloraba
a solas desde antes de nacer
con un llanto que aún vive en la cocina.  
Curvada como un párpado con sueño
sobre una vieja tabla a turnos sigue
entre sus tercas grietas repartiendo
el mismo golpe, un solo llanto, un hueco.          
Ella está allí y no la vemos; ella
se ha ido y vuelve siempre cuando el viento
corta oscuras cebollas desde el cielo
sobre la dura tabla de la tierra.
Y si hacemos silencio la escuchamos.
Y nos quedamos a llorar con ella.


II 

El abuelo volaba en su paraguas
y la lluvia golpeaba en los oídos
el derrumbe del cielo. Y sonreía.
Nunca dejó que nadie le llevara
su compañero en tantas tempestades;
y lo volvía siempre a su rincón
goteando sucia nube hasta secarlo.
El abuelo hoy se ha ido y ya no vuelve.
Pero el paraguas sigue en aquel patio
y hay que dejarlo allí porque es posible
que regrese un invierno y ya no tenga
con qué cubrir su sombra y llueva siempre;
debe seguir allí donde reposa
en un rincón aunque no espere a nadie
con sus alas plegadas navegando
cisne de luto el polvo de la tarde...

 

         Jorge Meretta 

viernes, 12 de junio de 2026

Unidad




Una pequeña tarea como esta de
cortar el pan y llevarlo a la mesa,
empieza y luego acaba
-círculo de sentido que se cierra-
la pequeña molécula de un proyecto cumplido.

¿Trivial? Tal vez, pero mira dibujarse
con perfección acabadísima
cada gesto enlazado en el siguiente
anillado en la suave
espiral invisible
que va del pensamiento hacia la mano
del ojo hacia el cuchillo.

Circe Maia

viernes, 5 de junio de 2026

La tierra no es pa rascarse



La tierra no es pa rascarse
como se suele pensar;
–así será pa los bichos–
para el hombre es algo más.
Mucha sangre hay en la tierra,
que es preciso respetar;
son lágrimas y sudores
quienes le han dado su sal.
Es poco lo que aparece,
y mucho lo que hay detrás;
para poder comprenderlo
parate, hermano a pensar.
Que el pasto no da la leche
por mirarlo y nada más;
la leche la da la vaca
después de mucho rumiar.
El que es turista en la tierra,
anda nomás por andar;
no llega a ninguna parte
porque no busca llegar.

Mamerto Menapace

jueves, 28 de mayo de 2026

En el viento se balancea


Parque de la Facultad de Agronomía en otoño

Mi vida se balancea en el viento
como las hojas sobre el enrejado,
en el brillante y tempestuoso viento otoñal.
En la tormenta suena un piano
como las olas sobre la playa.
Las nubes oscuras persiguen el viento.
Mi corazón alberga un espejo negro.
Cuando me asomo en él,
mi rostro se atenúa, arde, lastima,
como lo hago yo mismo,
en las horas solitarias que conozco.
Mi vida se balancea en el tempestuoso
viento otoñal que atraviesa los campos.

Srečko Kosovel

viernes, 22 de mayo de 2026

Sus camisas


Lágrimas de sangre / Oswaldo Guayasamín. 1973

Conservan el olor/
Agrio. Su perfume
Perdura a pesar de tintorerías/
Humedades/ manchas de pintura.
 
Extraño sus furias y sus gestos/
Su ternura y sus infinitas novias/
Sus mantras/ la voz de Bob Marley
Reiterada hasta el hartazgo.
 
Sus insomnios/ sus deseados hijos.
Su elegancia y sus disfraces.
Su modo de cerrar puertas y ventanas.
Su ropa que no me atrevo a usar
Esperando volver a ser habitada.

Hugo Achugar

 

viernes, 15 de mayo de 2026

Como un león


 

“(…) Cruzo las vías y después de vagar un rato entre los galpones y las locomotoras abandonadas me siento sobre una pila de durmientes como lo hacía cuando estaba el viejo. Naturalmente, me acuerdo de él, y después del Tito o de cualquier otro, y por supuesto, de mi hermano. De todos los que se fueron. Es como si estuvieran aquí, a esta hora. Algunos me miran, otros me dicen cosas. Yo les sonrío y a veces les respondo. Sé que tarde o temprano iré tras ellos. Tarde o temprano la vida se me pondrá por delante y saltaré al camino. Como un león”.

Haroldo Conti

viernes, 8 de mayo de 2026

La madre ahora

Las tres edades de la mujer / Gustav Klimt. 1905


Doce años atrás
cuando tuve que irme
dejé a mi madre junto a su ventana
mirando la avenida
ahora la recobro
solo con un bastón de diferencia

en doce años transcurrieron
ante su ventanal algunas cosas
desfiles y redadas
fugas estudiantiles
muchedumbres
puños rabiosos
y gases de lágrimas
provocaciones
tiros lejos
festejos oficiales
banderas clandestinas
vivas recuperados

después de doce años
mi madre sigue en su ventana
mirando la avenida
o acaso no la mira
solo repasa sus adentros
no sé si de reojo o de hito en hito
sin pestañear siquiera

páginas sepias de obsesiones
con un padrastro que le hacía
enderezar clavos y clavos
o con mi abuela la francesa
que destilaba sortilegios
o con su hermano insociable
que nunca quiso trabajar

tantos rodeos me imagino
cuando fue jefa en una tienda
cuando hizo ropa para niños
y unos conejos de colores
que todo el mundo le elogiaba
mi hermano enfermo o yo con tifus
mi padre bueno y derrotado
por tres o cuatro embustes
pero sonriente y luminoso
cuando la fuente era de ñoquis

ella repasa sus adentros
ochenta y siete años de grises
sigue pensando distraída
y algún acento de ternura
se le ha escapado como un hilo
que no se encuentra con su aguja

como si quisiera comprenderla
cuando la veo igual que antes
desperdiciando la avenida
pero a esta altura qué otra cosa
puedo hacer yo que divertirla
con cuentos ciertos o inventados
comprarle una tele nueva
o alcanzarle su bastón.

Mario Benedetti

jueves, 30 de abril de 2026

Hay un hombre en la tierra

El veterano en un nuevo campo / Winslow Homer. 1865.


Mientras tú vas a la escuela, hay un hombre en la tierra.
Mientras tú vas a jugar, o a la playa, hay un hombre en la tierra.
Hay un hombre que planta y que ara.
Que siembra y cosecha. Que arrea animales. Que esquila y carnea.
Salvo los pescados, toda la comida que a tu mesa llega, viene de la tierra.
El pan y la harina. Porotos, lentejas.
Todas las verduras vienen de la tierra. Y también la carne. Y también la yerba.
Para que tú existas y vivas y crezcas, tiene que haber tierra.
Para que tú estudies. Para que tú juegues.
Mas la tierra sola, de nada nos sirve sin el hombre en ella.
Todos dependemos del hombre en la tierra.
Tú no jugarías, ni irías a la escuela y no habría ciudades
si no hubiera, siempre, un hombre en la tierra.

Julián Murguía

viernes, 24 de abril de 2026

Cosas pendientes

Archivo Sarandy Cabrera - Biblioteca Nacional

Tantas cosas pendientes todavía
y la vida se va a los borbotones.
Entre angustiosas solicitaciones
ganar la noche y aguardar el día.

Buscar el pan para la cofradía
caer herido mientras te pospones,
contra el tiempo que escapa no hay razones
y de nada te vale rebeldía.

Tanto sueño quebrado, tanto acaso
que al fin yo me pregunto cómo ha sido
y por qué todo abriga tal fracaso.

Viendo lo por vivir y lo vivido
mientras todo se escapa paso a paso
se va la vida digo y ya se ha ido.

Sarandy Cabrera

viernes, 17 de abril de 2026

Junto al mar

Pintura del mar con olas / Alexander Dzigurski 

Si muero, que me pongan desnudo,
desnudo junto al mar.
Serán las aguas grises mi escudo
y no habrá que luchar.
Si muero que me dejen a solas.
El mar es mi jardín.
No puede, quien amaba las olas,
desear otro fin.
Oiré la melodía del viento,
la misteriosa voz.
Será por fin vencido el momento
que siega como hoz.
Que siega pesadumbres. Y cuando
la noche empiece a arder,
Soñando, sollozando, cantando,
yo volveré a nacer.

José Hierro

viernes, 10 de abril de 2026

La luna

La despedida / José Cuneo.


La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas. 

Jaime Sabines

viernes, 27 de marzo de 2026

Hace mucho tiempo, muy lejos...


Paloma de la paz / Pablo Picasso


Predicar sobre la paz y la hermandad
¡Oh!, ¡cuál puede llegar a ser el precio!
Un hombre lo hizo hace ya mucho tiempo
y le colgaron de una cruz.

Hace mucho tiempo, muy lejos,
Estas cosas ya no pasan hoy en día.

Las cadenas de esclavos
Se arrastraban por el suelo
Con las cabezas y los corazones agachados
Pero esto fue en tiempos de Lincoln
Y eso fue hace mucho tiempo.

Hace mucho tiempo, muy lejos
Cosas como ésta ya no pasan hoy en día.

Las armas de guerra se dispararon salvajemente
El mundo entero sangró
Los cuerpos de los hombres flotaron en las orillas
De océanos de barro.

Hace mucho tiempo, muy lejos,
Cosas como ésta ya no pasan hoy en día.

Un hombre tenía mucho dinero
Otro no tenía ni para comer
Un hombre vivía como un rey
El otro mendigaba en la calle

Hace mucho tiempo, muy lejos
Estas cosas ya no pasan hoy en día.

Un hombre murió por un cuchillo muy afilado
Un hombre murió por la bala de un rifle
Un hombre murió de tristeza
Al ver el linchamiento de su hijo

Hace mucho tiempo, muy lejos
Cosas como ésta ya no pasan hoy en día.

Los gladiadores se mataban los unos a los otros
Esto fue en tiempos de los romanos
La gente les vitoreaba con los ojos inyectados en sangre
Mientras los ojos y la mente se cegaban

Hace mucho tiempo, muy lejos
Cosas como ésta ya no pasan hoy en día.

Y hablar de paz y hermandad
¡Cuál puede llegar a ser el precio!
Un hombre lo hizo hace mucho tiempo
y le colgaron de una cruz.

Hace mucho tiempo, muy lejos
Cosas como ésta ya no pasan hoy en día. ¿No?

Bob Dylan

viernes, 20 de marzo de 2026

Llamo a los poetas



Entre todos vosotros, con Vicente Aleixandre
y con Pablo Neruda tomo silla en la tierra:
tal vez porque he sentido su corazón cercano
cerca de mí, casi rozando el mío.

Con ellos me he sentido más arraigado y hondo,
y además menos solo. Ya vosotros sabéis
lo solo que yo voy, por qué voy yo tan solo.
Andando voy, tan solos yo y mi sombra.

Alberti, Altolaguirre, Cernuda, Prados, Garfias,
Machado, Juan Ramón, León Felipe, Aparicio,
Oliver, Plaja, hablemos de aquello a que aspiramos:
por lo que enloquecemos lentamente.

Hablemos del trabajo, del amor sobre todo,
donde la telaraña y el alacrán no habitan.
Hoy quiero abandonarme tratando con vosotros
de la buena semilla de la tierra.

Dejemos el museo, la biblioteca, el aula
sin emoción, sin tierra, glacial, para otro tiempo.
Ya sé que en esos sitios tiritará mañana
mi corazón helado en varios tomos.

Quitémonos el pavo real y suficiente,
la palabra con toga, la pantera de acechos.
Vamos a hablar del día, de la emoción del día.
Abandonemos la solemnidad.

Así: sin esa barba postiza, ni esa cita
que la insolencia pone bajo nuestra nariz,
hablaremos unidos, comprendidos, sentados,
de las cosas del mundo frente al hombre.
Así descenderemos de nuestro pedestal,
de nuestra pobre estatua. Y a cantar entraremos
a una bodega, a un pecho, o al fondo de la tierra,
sin el brillo del lente polvoriento.

Ahí está Federico: sentémonos al pie
de su herida, debajo del chorro asesinado,
que quiero contener como si fuera mío,
y salta, y no se acalla entre las fuentes.

Siempre fuimos nosotros sembradores de sangre.
Por eso nos sentimos semejantes del trigo.
No reposamos nunca, y eso es lo que hace el sol,
y la familia del enamorado.

Siendo de esa familia, somos la sal del aire.
Tan sensibles al clima como la misma sal,
una racha de otoño nos deja moribundos
sobre la huella de los sepultados.

Eso sí: somos algo. Nuestros cinco sentidos
en todo arraigan, piden posesión y locura.
Agredimos al tiempo con la feliz cigarra,
con el terrestre sueño que alentamos.

Hablemos, Federico, Vicente, Pablo, Antonio,
Luis, Juan Ramón, Emilio, Manolo, Rafael,
Arturo, Pedro, Juan, Antonio, León Felipe.
Hablemos sobre el vino y la cosecha.

Si queréis, nadaremos antes en esa alberca,
en ese mar que anhela transparentar los cuerpos.
Veré si hablamos luego con la verdad del agua,
que aclara el labio de los que han mentido.


Miguel Hernández

viernes, 13 de marzo de 2026

Como latas de cerveza vacías y colillas

Foto de Ernesto Cardenal tomada por Koen Wessing en 1980

Como latas de cerveza vacías y colillas
de cigarrillos apagados, han sido mis días.
Como figuras que pasan por una pantalla de televisión
y desaparecen, así ha pasado mi vida.
Como automóviles que pasaban rápidos por las carreteras
con risas de muchachas y músicas de radios…
Y la belleza pasó rápida, como el modelo de los autos
y las canciones de los radios que pasaron de moda.
Y no ha quedado nada de aquellos días, nada,
más que latas vacías y colillas apagadas,
risas en fotos marchitas, boletos rotos,
y el aserrín con que al amanecer barrieron los bares.

Ernesto Cardenal

viernes, 6 de marzo de 2026

Nadie ninguna soy



Nadie ninguna soy
Ningún hombre es mi cuerpo
Ningún río
Que revisen mi cuerpo
No tiene corazón
Está en la calle
Maravillosa calle
Como hoy casi es milagro
Y los hombres recuerdan
Un ultimátum ya
He vivido
Nada más
He vivido
Perdón por mi dulzura
Por no haber empuñado ni fusiles
Ni garras
Perdón por mi esqueleto decisivo y efímero
Mi violencia es una casa a fondo
Cuando de noche mueres sin aviso
Tocan la puerta
Andan.

Selva Casal Muñoz

viernes, 27 de febrero de 2026

Canto de las flores

 

Desde un rincón del día dorado
escondidas flores me llaman.
-¡Por tu amor sé escucharlas!-
Me recuerdan tu alma,
¡ay, sólo conocida por los ángeles!

Sólo flores,
las escondidas flores
cantan!

Sabemos sólo flores
sobre ellas,
apenas apoyadas
tu cara -y tu alma
y mi cara- y mi alma.

Desde un rincón del día dorado
escondidas flores me llaman.

Esther de Cáceres

viernes, 20 de febrero de 2026

Mañana gris





Se abren bocas grises
en la plancha
redonda del mar.
Tragan nubes grises
las bocas
silenciosas del mar.
Dormidos los peces,
en el fondo,
están.
Colocados en nichos, 
el cuerpo frío horizontal
duermen todos los peces
del mar.
Uno, bajo una aleta,
tiene un pequeño
sol invernal.
Su luz difusa
asciende
y abre una aurora pálida
en cada boca gris del mar.
Pasa el buque
y los peces
no se pueden despertar.
Gaviotas trazan signos de acero
sobre la inmensidad.

       Alfonsina Storni