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viernes, 21 de marzo de 2014

Entre un hola y un adiós

Te sienta bien el otoño
qué gusto volverte a ver,
¿me recuerdas?, soy el plomo
que por el '73
investigó tus costumbres,
y registró tu intimidad
para coincidir contigo,
como por casualidad.

Aquel que cuando la tarde
amenazaba llover,
te esperaba con el alma
prendida de un alfiler,
para abrirte su paraguas
y con él su corazón,
el que te decía 'hola'
y al que decías 'adiós'.

Cuántos metros soñolientos
habré dejado escapar,
por atravesar contigo
las tripas de esta ciudad
para volar en tu enjambre
por tener algo en común,
me amigué con tus amigos
conservo algunos aún.

Vencí el vértigo a las cumbres
por llegar a tu nivel,
y por rozarte el vestido
hacía cualquier papel.
Cuántas volteretas vanas
para llamar tu atención,
sólo por decirte 'hola'
y oírte decir 'adiós'.

Me halaga que me recuerdes
como tu primer amor,
aunque tal vez me confundes
con algún otro señor.
Soy el que hacía la cola
para cederte la vez,
quien por ofrecerte agua
cruzó desiertos a pie.

El que ponía los discos
cuando querías bailar,
por mas que alargué los brazos
nunca te llegué a tocar.
El que guarda tu recuerdo
como un regalo de Dios,
en el libro de los sueños
entre un 'hola' y un 'adiós'.

Joan Manuel Serrat

viernes, 27 de diciembre de 2013

Vivir para vivir

Te dejan sus herencias, 
te marcan un sendero, 
te dicen lo que es malo 
y lo que es bueno, pero... 

Ni los vientos son cuatro, 
ni siete los colores, 
y los zarzales crecen 
junto con las flores 

y el sol sólo es el sol si brilla en ti. 
La lluvia sólo lluvia si te moja al caer. 
Cada niño es el tuyo, 
cada hembra, tu mujer. 

Vivir para vivir. 
Sólo vale la pena vivir para vivir. 
Para vivir. 
Sólo vale la pena vivir para vivir. 

Y hacer tuyo el camino, 
que tuyas son las botas. 
Que una sonrisa pueda 
dar a luz tu boca. 

Abrázate a los vientos 
y cabalga los montes. 
que no acabe el paisaje 
con el horizonte. 

Que el sol sólo es el sol si brilla en ti. 
La lluvia sólo la lluvia si te moja al caer. 
Cada niño es el tuyo. 
Cada hembra, tu mujer.

Joan Manuel Serrat

jueves, 11 de abril de 2013

Balada de otoño

Llueve, 
detrás de los cristales, llueve y llueve 
sobre los chopos medio deshojados, 
sobre los pardos tejados, 
sobre los campos, llueve. 

Pintaron de gris el cielo 
y el suelo 
se fue abrigando con hojas, 
se fue vistiendo de otoño. 
La tarde que se adormece 
parece 
un niño que el viento mece 
con su balada en otoño. 

Una balada en otoño, 
un canto triste de melancolía, 
que nace al morir el día. 
Una balada en otoño, 
a veces como un murmullo, 
y a veces como un lamento 
y a veces viento. 

Llueve, 
detrás de los cristales, llueve y llueve 
sobre los chopos medio deshojados, 
sobre los pardos tejados 
sobre los campos, llueve. 

Te podría contar 
que esta quemándose mi último leño en el hogar, 
que soy muy pobre hoy, 
que por una sonrisa doy 
todo lo que soy, 
porque estoy solo 
y tengo miedo. 

Si tú fueras capaz 
de ver los ojos tristes de una lámpara y hablar 
con esa porcelana que descubrí ayer 
y que por un momento se ha vuelto mujer. 

Entonces, olvidando 
mi mañana y tu pasado 
volverías a mi lado. 

Se va la tarde y me deja 
la queja 
que mañana será vieja 
de una balada en otoño. 

Llueve, 
detrás de los cristales, llueve y llueve 
sobre los chopos medio deshojados..

Joan Manuel Serrat

jueves, 3 de mayo de 2012

Hagamos un trato


Compañera 
usted sabe 
que puede contar 
conmigo 
no hasta dos 
o hasta diez 
sino contar 
conmigo
si alguna vez 
advierte 
que la miro a los ojos 
y una veta de amor 
reconoce en los míos 
no alerte sus fusiles 
ni piense qué delirio 
a pesar de la veta 
o tal vez porque existe 
usted puede contar 
conmigo
si otras veces 
me encuentra 
huraño sin motivo 
no piense qué flojera 
igual puede contar 
conmigo
pero hagamos un trato 
yo quisiera contar 
con usted 
es tan lindo 
saber que usted existe 
uno se siente vivo 
y cuando digo esto 
quiero decir contar 
aunque sea hasta dos 
aunque sea hasta cinco 
no ya para que acuda 
presurosa en mi auxilio 
sino para saber 
a ciencia cierta 
que usted sabe que puede 
contar conmigo 

Mario Benedetti
setiembre 1920 - mayo 2009

martes, 27 de marzo de 2012

martes, 20 de marzo de 2012

Otoño

Pintaron de gris el cielo
y el suelo
se fue abrigando con hojas,
se fue vistiendo de otoño.

lunes, 6 de junio de 2011

Pare

Padre
decidme qué
le han hecho al río
que ya no canta.
Resbala
como un barbo
muerto bajo un palmo
de espuma blanca.

Padre
que el río ya no es el río.
Padre
antes de que llegue el verano
esconded todo lo que esté vivo.

Padre
decidme qué
le han hecho al bosque
que ya no hay árboles.
En invierno
no tendremos fuego
ni en verano sitio
donde resguardarnos.

Padre
que el bosque ya no es el bosque.
Padre
antes de que oscurezca
llenad de vida la despensa.

Sin leña y sin peces, padre
tendremos que quemar la barca,
labrar el trigo entre las ruinas, padre,
y cerrar con tres cerrojos la casa
y decía usted...

Padre
si no hay pinos
no habrá piñones,
ni gusanos, ni pájaros.

Padre
donde no hay flores
no se dan las abejas,
ni la cera, ni la miel.

Padre
que el campo ya no es el campo.
Padre
mañana del cielo lloverá sangre.
El viento lo canta llorando.

Padre
ya están aquí...
Monstruos de carne
con gusanos de hierro.

Padre
no, no tengáis miedo,
y decid que no,
que yo os espero.

Padre
que están matando la tierra.
Padre
dejad de llorar
que nos han declarado la guerra.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Carta de Serrat a Montevideo


Querida Montevideo:

Ayer hablé por teléfono con Galeano y me contó que el tiempo está muy inestable por ahí. El invierno empieza a mostrar su cara de palo y los plátanos de sombra ya están arreglando sus cosas antes de echarse a dormir. Cuando nos vimos las caras por primera vez, Montevideo, verdeabas por los cuatro puntos cardinales y las muchachas se desparramaban adormiladas en los pastos del Parque Rodó, robándole el brillo al Sol del mediodía para llevárselo puesto. Era noviembre de 1969. Aquel año fue el primero de mi vida que tuvo dos primaveras. Viajé desde Buenos Aires ... (leer+)

Joan Manuel Serrat

viernes, 14 de mayo de 2010

Soneto a mamá

No es que no vuelva, porque me he olvidado
de tu olor a tomillo y a cocina.
De lejos, dicen que se ve más claro,
que no es igual quién anda y quién camina.

Y supe que el amor tiene ojos verdes,
que cuatro palos tiene la baraja,
que nunca vuelve aquello que se pierde
y la marea sube y luego baja.

Supe que lo sencillo no es lo necio,
que no hay que confundir valor y precio,
y un manjar puede ser cualquier bocado

si el horizonte es luz y el rumbo un beso,
No es que no vuelva porque me he olvidado:
es que perdí el camino de regreso,

Mamá...

Joan Manuel Serrat

lunes, 10 de agosto de 2009

Mi niñez

Tenía diez años y un gato
peludo, funámbulo y necio,

que me esperaba en los alambres del patio
a la vuelta del colegio.
 Tenía un balcón con albahaca 
y un ejército de botones 
y un tren con vagones de lata 
roto entre dos estaciones.
 Tenía un cielo azul y un jardín de adoquines 
y una historia a quemar temblándome en la piel. 
Era un bello jinete 
sobre mi patinete,
burlando cada esquina 
como una golondrina,
sin nada que olvidar 
porque ayer aprendí a volar, 
perdiendo el tiempo de cara al mar.
 Tenía una casa sombría, 
que madre vistió de ternura, 
y una almohada que hablaba y sabía 
de mi ambición de ser cura.
 Tenía un canario amarillo 
que sólo trinaba su pena 
oyendo algún viejo organillo 
o mi radio de galena.
 Y en julio, en Aragón, tenía un pueblecillo, 
una acequia, un establo y unas ruinas al sol. 
Al viento los ombligos, 
volaban cuatro amigos, 
picados de viruela 
y huérfanos de escuela, 
robando uva y maíz, 
chupando caña y regaliz. 
Creo que entonces yo era feliz.
 Tenía cuatro sacramentos
y un ángel de la guarda amigo 
y un «Paris-Hollywood» prestado y mugriento 
escondido entre mis libros.
 Tenía una novia morena, 
que abrió a la luna mis sentidos 
jugando los juegos prohibidos 
a la sombra de una higuera.
 Crucé por la niñez imitando a mi hermano. 
Descerrajando el viento y apedreando al sol. 
Mi madre crió canas
pespunteando pijamas,
mi padre se hizo viejo 
sin mirarse al espejo, 
y mi hermano se fue 
de casa, por primera vez. 
 Y ¿dónde, dónde fue mi niñez?

J. M. Serrat