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viernes, 7 de febrero de 2020

Hora


Me acordaré de ti
todas las noches a las once!...

En la plaza sin luna de tu ausencia
pronunciaré tu nombre
con el mismo temblor del primer día
todas las noches, a las once!...

Y aunque esté en un café, o en un teatro
o en un duelo, sin que nadie me importe,
te llamaré -subasta de mi pena-
todas las noches a las once...

Y si la gente   -¡qué importa la gente!-
no sabe, no comprende, no conoce
lo que es el amor, que aprenda de mis labios
todas las noches a las once...

Que cariño que no es nube, ni melindre,
sino sangre, canción, olvido y monte...
Se quiere así, gritándolo a los vientos,
todas las noches a las once...

Y un día llegará -que Dios me oiga!-
que cuando vaya a pronunciar tu nombre,
tú estés bajo la lluvia de mis besos
a las diez, a las once y a las doce.

viernes, 31 de enero de 2020

El espejo

El espejo psiqué / Berthe Morisot. 1876.

Con los ojos vendados nos miramos
cada día delante de un espejo
para ser sólo imágenes
nuestras que no veremos.
Desfilamos, retratos fidelísimos,
copias exactas, calcos o reflejos,
resbalamos por aguas espejeantes
como narcisos ciegos.
Debo de ser la sombra, los perfiles,
la refracción de ese cristal o hielo;
debe de ser el doble repetido,
el náufrago en el fondo de ese sueño.
Qué culto extraño ante el cristal, la luna,
de extraterrestre, de astronauta muerto
girando sin sentido
en la órbita cerrada por el pecho.
Qué culto extraño para
sentirnos sólo luminoso eco
de nuestra propia realidad corpórea,
mitología del agonizamiento
liturgia de pantallas sucesivas,
idolatrización de reverbero.
Sólo somos figuras proyectadas
sobre un cristal, pero jamás nos vemos.

viernes, 24 de enero de 2020

Llevo el Sol en mí...


Llevo el Sol en mí;
me guía como un rey en el mundo.
Llevo la Luna en mí
ella mantiene mi forma.
Llevo a Mercurio en mí
manteniendo unidos al Sol y a la Luna.
Llevo a Venus en mí. Sin su amor no hay nada.
Venus se encuentra con Marte
y hace que de mi ser fluyan palabras,
que Júpiter ilumina con toda la luz de la sabiduría;
Y Saturno, el maduro, irradia a mi ser en colores.

lunes, 20 de enero de 2020

Hay un lugar...

Laguna de Tiscapa, en Nicaragua.

Hay un lugar junto
a la laguna de Tiscapa

—un banco debajo
de un árbol de quelite—

que tú conoces
(aquella a quien escribo

estos versos, sabrá
que son para ella)

y tú recuerdas
aquel banco y
aquel quelite;

la luna reflejada
en la laguna de Tiscapa

las luces del palacio
del dictador

las ranas cantando
abajo en la laguna

todavía está aquel
árbol de quelite

todavía brillan
las mismas luces;

en la laguna de Tiscapa
se refleja la luna 

pero aquel banco
esta noche estará vacío

o con otra pareja
que no somos nosotros.

Ernesto Cardenal

viernes, 10 de enero de 2020

Y sin embargo...


Sin embargo, creo que los decididores de este mundo injusto no lo tienen tan fácil. En distintas épocas, la humanidad ha pasado por túneles de oprobio, de abyección, de degradación, de ignominia, y siempre ha recobrado el aire, las razones de vida. Aunque no hayan sido filmadas por Spielberg, hay muchas y variadas listas de Schindler en la historia del género humano. Es difícil y hasta irrisorio hacer pronósticos para cuando uno ya no esté. No obstante, los políticos, los sociólogos, los economistas, los entrenadores deportivos, no tienen remilgos en hacerlos. Personalmente, no tengo cortedad en expresar mi confianza en que la humanidad (no sé cómo ni cuándo, o sea que mi vaticinio es bastante chapucero) se repondrá de este modesto apocalipsis. Y más aún: si allá por el 2050 o el 2090, algún delfín emerge de las aguas con su cabeza sabedora y prudente, pienso que se encontrará con un mundo en el que el hombre ya no sentirá vergüenza de sí mismo; entre otras razones, porque ya no privará de su libertad a prójimos y a delfines.
Fragmento de Cuando vuelva el Delfín de Mario Benedetti

viernes, 27 de diciembre de 2019


Oda al primer día del año



                                                       
                                                       
Lo distinguimos
como
si fuera
un caballito
diferente de todos
los caballos.
Adornamos
su frente
con una cinta,
le ponemos
al cuello cascabeles colorados,
y a medianoche
vamos a recibirlo
como si fuera
explorador que baja de una estrella.

Como el pan se parece
al pan de ayer,
como un anillo a todos los anillos:
los días
parpadean
claros, tintineante, fugitivos,
y se recuestan en la noche oscura.

Veo el último
día
de este
año
en un ferrocarril, hacia las lluvias
del distante archipiélago morado,
y el hombre
de la máquina,
complicada como un reloj del cielo,
agachando los ojos
a la infinita
pauta de los rieles,
a las brillantes manivelas,
a los veloces vínculos del fuego.

Oh conductor de trenes
desbocados
hacia estaciones
negras de la noche.
Este final
del año
sin mujer y sin hijos,
no es igual al de ayer, al de mañana?
Desde las vías
y las maestranzas
el primer día, la primera aurora
de un año que comienza
tiene el mismo oxidado
color de tren de hierro:
y saludan
los seres del camino,
las vacas, las aldeas,
en el vapor del alba,
sin saber
que se trata
de la puerta del año,
de un día
sacudido
por campanas,
adornado con plumas y claveles,

La tierra
no lo
sabe:
recibirá
este día
dorado, gris, celeste,
lo extenderá en colinas,
lo mojará con
flechas
de
transparente
lluvia,
y luego
lo enrollará
en su tubo,
lo guardará en la sombra.

Así es, pero
pequeña
puerta de la esperanza,
nuevo día del año,
aunque seas igual
como los panes
a todo pan,
te vamos a vivir de otra manera,
te vamos a comer, a florecer,
a esperar.
Te pondremos
como una torta
en nuestra vida,
te encenderemos
como candelabro,
te beberemos
como
si fueras un topacio.

Día
del año
nuevo,
día eléctrico, fresco,
todas
las hojas salen verdes
del
tronco de tu tiempo.

Corónanos
con
agua,
con jazmines
abiertos,
con todos los aromas
desplegados,
sí,
aunque
sólo
seas
un día,
un pobre
día humano,
tu aureola
palpita
sobre tantos
cansados
corazones,
y eres,
oh día
nuevo,
oh nube venidera,
pan nunca visto,
torre
permanente!

 Pablo Neruda 

viernes, 13 de diciembre de 2019

Amor, amor


Anda libre en el surco, bate el ala en el viento,
late vivo en el sol y se prende al pinar.
No te vale olvidarlo como al mal pensamiento:
¡lo tendrás que escuchar!

Habla lengua de bronce y habla lengua de ave,
ruegos tímidos, imperativos de amar.
No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave:
¡lo tendrás que hospedar!

Gasta trazas de dueño; no le ablandan excusas.
Rasga vasos de flor, hiende el hondo glaciar.
No te vale decirle que albergarlo rehúsas:
¡lo tendrás que hospedar!

Tiene argucias sutiles en la réplica fina,
argumentos de sabio, pero en voz de mujer.
Ciencia humana te salva, menos ciencia divina:
¡le tendrás que creer!

Te echa venda de lino; tú la venda toleras;
te ofrece el brazo cálido, no le sabes huir.
Echa a andar, tú le sigues hechizada aunque vieras
¡que eso para en morir!