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viernes, 4 de agosto de 2023

El huésped

 

Mírame, soy mi huésped. El más oscuro
paseante de mi sombra. El carcelero
de su indumentaria. Mírame, soy mi huésped.

Soy el hueso sin flor. Mírame.
Pude ser árbol, cielo, el mar más arrogante,
y he quedado sin mí. Soy el hueso sin flor.

Avéntame a la luz de tu memoria,
dame el celeste pétalo.
El olvido es mi lecho y mi creciente.

Se inclina el que era erguido, en su desmayo.
Aquel cercado por los fuegos
quebró su espejo.

Mírame en el canto, obediente al desencanto.
Soy mi huésped, el más oscuro
viajero que me sigue.

                          II

Ruiseñores perdí, de verdes cantos
en el crespo rocío.
Ruiseñores perdí.

El tiempo de la lágrima, la posesión del valle,
se me fue con el alba.

Insepultas memorias me muerden
los corderos del llanto, 

Ruiseñores perdí, de verdes cantos
en el crespo rocío.
Ruiseñores perdí.

                         III

En qué mortales lechos el olvido se extiende;
qué céspedes perdieron el verdor de las islas.
Corporales relámpagos de cuerpos consumidos,
quiebran lagos azules en los valles del éxtasis.

Con sueños de ebrios ríos la dicha se hizo larga.
La dicha se hizo larga. Mi cuerpo era una lámpara.

                          IV

Yo soy el que te nombra mar, montaña;
Yo soy el que te ansía, azul profundo;
yo soy el que te pierde en las palabras,
diván de almendro,
césped de la lumbre con alas.

Yo soy quien te recuerda, puente
para la travesía de los sueños
entre los ríos de las nubes.

Yo soy el que te olvida sin relojes,
el que te llora en el viento, y te alza
sin montaña, y te ahoga sin mar.
Yo soy aquel que desconoces cuando pasas.

 

               Juvenal Ortiz Saralegui

jueves, 27 de julio de 2023

Coplas mundanas


Antonio Machado, por Joaquín Sorolla, 1917.

Poeta ayer, hoy triste y pobre
filósofo trasnochado,
tengo en monedas de cobre
el oro de ayer cambiado.
Sin placer y sin fortuna,
pasó como una quimera
mi juventud, la primera…
la sola, no hay más que una:
la de dentro es la de fuera.
Pasó como un torbellino,
bohemia y aborrascada,
harta de coplas y vino,
mi juventud bien amada.
Y hoy miro a las galerías
del recuerdo, para hacer
aleluyas de elegías
desconsoladas de ayer.
¡Adiós, lágrimas cantoras,
lágrimas que alegremente
brotabais, como en la fuente
las limpias aguas sonoras!
¡Buenas lágrimas vertidas
por un amor juvenil,
cual frescas lluvias caídas
sobre los campos de abril!
No canta ya el ruiseñor
de cierta noche serena;
sanamos del mal de amor
que sabe llorar sin pena.
Poeta ayer, hoy triste y pobre
filósofo trasnochado,
tengo en monedas de cobre
el oro de ayer cambiado.

Antonio Machado

viernes, 21 de julio de 2023

El dolor




No he venido a cantar
No he venido a cantar, podéis llevaros la guitarra.
No he venido tampoco, ni estoy aquí arreglando mi expediente para que me canonicen cuando muera.
He venido a mirarme la cara en las lágrimas que caminan hacia el mar,
por el río
y por la nube...
y en las lágrimas que se esconden
en el pozo,
en la noche
y en la sangre...
 
He venido a mirarme la cara en todas las lágrimas del mundo.
Y también a poner una gota de azogue, de llanto, una gota siquiera de mi llanto
en la gran luna de este espejo sin límites, donde me miren y se reconozcan los que vengan.
He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.

Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz. 

León Felipe

viernes, 14 de julio de 2023

Tránsito de fuego


Yo no sé de cenizas, sé de fuego.
No me conforman formas contraídas.
No sé tocar el frío, no lo puedo.
Ni sé vivir así, desposeída.
 
Quiero atajar el aire, contraerlo.
Secar el viento que levanta cieno.
Mostrarte qué fragor el poseerlo,
Decirte por qué vivo, por qué peno.
 
Y me miro las manos y me miro
Este ardor y esta llaga que se crecen.
Este dolor, y ya, ya no respiro,
Porque crezco de nuevo aunque me cesen.

Nancy Bacelo

viernes, 7 de julio de 2023

Ya no mana la fuente, se agotó el manantial...

Arroyo Conventos, Cerro Largo, 1944 - José Cuneo


Ya no mana la fuente, se agotó el manantial;
ya el viajero allí nunca va su sed a apagar.

Ya no brota la hierba, ni florece el narciso,
ni en los aires esparcen su fragancia los lirios.

Sólo el cauce arenoso de la seca corriente
le recuerda al sediento el horror de la muerte.

¡Mas no importa!  A lo lejos otro arroyo murmura
donde humildes violetas el espacio perfuman.

Y de un sauce el ramaje, al mirarse en las ondas,
tiende en torno del agua su fresquísima sombra.

El sediento viajero que el camino atraviesa,
humedece los labios en la linfa serena
del arroyo que el árbol con sus ramas sombrea,
y dichoso se olvida de la fuente ya seca.

Rosalía de Castro

viernes, 30 de junio de 2023

Invierno por la ventana

 


la tarde se apaga 

los cubos blancos 

los barrotes y antenas 

una escenografía modelo

muestrario disuelto

con sus plantas cóncavas

su bóveda gris

más tarde cuanto más frío

desfile de modas, las nubes 

todas corriendo sobre

la poca ropa tendida, 

la tarde

un farol lejísimo anuncia

                  la noche más tarde

y los vegetales aún verdes 

contrastan cercanos con un

tejado carmín, 

54 apilados ladrillos 

pasando la brisa 

temprana mañana de invierno

la tarde

en la bóveda ahora 

un claro atrasado

se hace blanco

el sol, que ya se ha puesto

y permanece callado.


Ibero Gutiérrez

viernes, 23 de junio de 2023

Donde fuiste feliz alguna vez...


Hogueras en la playa durante la noche de San Juan


Donde fuiste feliz alguna vez
no debieras volver jamás: el tiempo
habrá hecho sus destrozos, levantado
su muro fronterizo
contra el que la ilusión chocará estupefacta.
El tiempo habrá labrado,
paciente, tu fracaso
mientras faltabas, mientras ibas
ingenuamente por el mundo
conservando como recuerdo
lo que era destrucción subterránea, ruina.

... No debieras volver jamás a nada, a nadie,
pues toda historia interrumpida
tan sólo sobrevive
para vengarse en la ilusión, clavarle
su cuchillo desesperado,
morir asesinando.

Mas sabes que la dicha es como un criminal
que seduce a su víctima,
que la reclama con atroz dulzura
mientras esconde la mano homicida.
Sabes que volverás, que te hallas condenado
a regresar, humilde, donde fuiste feliz.

Sabes que volverás
porque la dicha consistió en marcarte
con la nostalgia, convertirte
la vida en cicatriz;
y si has de ser leal, girarás errabundo
alrededor del desastre entrañable
como girase un perro ante la tumba
de su dueño… su dueño… su dueño

Félix Grande