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viernes, 20 de noviembre de 2020

Dicen los cantores



Nosotros vinimos cantando los días
Dejamos el cielo y las restas del aire
Nosotros cantamos las cosas del mundo
Los vivos, los muertos y el hombre y su viaje

La altísima lluvia no sabe su pena
No incluye alegría la roja manzana:
Lloramos nosotros el agua en las nubes
Ponemos la risa después de la rama

No hay sólo silencio en el mismo silencio:
Existe la antigua canción de las horas
Que cantan los tiempos desde antes del fuego
Y vamos diciéndola con nuestra sombra

Nacimos un año sin claros violines
O solamente con el violín del llanto
Y no nos morimos sobre un escenario:
La gente no muere de acuerdo al teatro

Nosotros sangramos, nosotros seguimos
Tocando silencios, silbamos de espanto
Pusimos nosotros sentido en la noche
Y luz en la íntima luz del celdario

Nosotros vinimos cantando los días
Dejamos el cielo y las restas del aire
Nosotros cantamos las cosas del mundo
Los vivos, los muertos y el hombre y su viaje

jueves, 14 de noviembre de 2013

Nieblas y neblinas

Como hoy no cumplo años
pero igual me llora el día,
se aparece aquella historia
con su lenta disciplina.
Iba aquel que ya no soy
entre nieblas y neblinas,
con un carro en lo temprano,
y un estruendo de gallinas.

Era un pueblo, era un lugar
de autobuses fallecidos
donde había la pureza 
implacable del olvido.
Hubo un mi padre y mi madre,
hubo la casa amarilla,
allí mi hermana y mi Paula,
y un anís de enfermería.

Altavoces alejados
soplando música fría
de violines mexicanos 
y palabras como avispas,
matinés que yo soñaba 
tras verdores de gomina,
y la tarde en tarde plana
a Rin-Tin-Tín oliendo a misa.

Y aquel circo abigotado,
soledades cenicientas,
funerales de faquir,
peligrosa nochebuena.
Era un pueblo, era una especie
de lugar en el camino,
algún sitio entre las piedras,
con aires de pasadizo.

Payaso fotografiado,
viejísimos carnavales,
acordeones,
acordeones, arcángeles y detalles,
bajo un cielo demorado, 
con algo de viernes santo,
anochecía en las puertas 
con renuncias y presagios.

Era algo como un sitio,
un paraje, es un hospicio,
existiendo al otro lado
de lo empañado de un vidrio...

Eduardo Darnauchans
15 de noviembre de 1953 - 7 de marzo de 2007

miércoles, 13 de marzo de 2013

Memorias de Cecilia

Te he visto
llorando en la sombra,
llorabas por mí.
Pero cuando el sol,
quién causo tu alegría, quién fué?
Que yo no fui.

Yo fui quien ofendió
tu imagen, Cecilia,
fundada en 
la mañana mejor.

Tuyo es el canto y el árbol,
la flor y el amor.
Mía es la ciénaga, el páramo,
el risco, el dolor, así el amor.

A filo y piedra herí
el claror del agua
de tus ojos claros,
Cecilia, Cecilia, Cecilia, y de mí.

Eduardo Darnauchans
noviembre 1953 - marzo 2007

miércoles, 14 de noviembre de 2012

He olvidado la noche

Ven junto a mí, la noche olvidé,
en que otro creíste todo amor te enseñó,
he olvidado también aquel verano cruel
en que tú no sabías la razón de existir.

Tu pelo tan rubio mi cuello acarició
y por qué todo esto ocurría entre los dos,
mi mano en tu pecho, corazón excitado,
y tu vestido lento se desliza a tus pies.

Juega mi aliento en la miel de tu piel
y mis dedos se queman en la luz de tu espalda,
mi oído en tu boca secretos halló
y mi mano en tu pecho al fin comprendió.

Entonces...
ven junto a mí, la noche olvidé,
en que otro creíste todo amor te enseñó,
he olvidado también aquel verano cruel
en que tú no sabías la razón de existir.

autor: Antoine
versión castellano: W. Benavides y E. Darnauchans

Eduardo Darnauchans, compositor, intelectual, guitarrista e intérprete, nació el 15 de noviembre de 1953 y falleció el 7 de marzo de 2007.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

El instrumento


Conocerse, claro está,
que necesita su tiempo
Con años que albañilean
y años de derrumbamiento

Pero cuando todo es potro,
mujer, baile, vino, viento
Y la carne nos sostiene
tanto mas que el hondo hueso

Qué vas a andar preguntando
si te das por lo derecho?
Y es tu voz la que te dice
Si la promesa es lo cierto

Y de pronto se borraron
la mujer, el vino, el fuego
Que sostenía las carnes,
el temple del instrumento

Y en un cantor de boliche
Me conocí en el ejemplo
Ya perdí mi compañera
Desatame de este enredo

noviembre 1953 - marzo 2007

viernes, 12 de noviembre de 2010

Final



Cuando te sientas sola
frente a la oscura puerta
y aquella lluvia incierta
toque tu sien y corra

Recuérdame,
mi mejor vez, recuérdame...
La espina no, la flor, la flor,
si es que hubo flor.

Cuando la luz del día
te recobre sin nadie
solo el árbol y el aire
en la plaza sombría.

Todo fue andén distante
sin voces y sin humo
lugares en que hubo
un triste visitante

Recuérdame,
mi mejor vez, recuérdame...
La espina no, la flor, la flor,
si es que hubo flor.

Ahora que no hay nada
sino fotografías
cartón donde la vida
es rosa imaginada

Recuérdame,
mi mejor vez, recuérdame...
La espina no, la flor, la flor,
si es que hubo flor.

Eduardo Darnauchans (15 nov. 1953 - 7 mar. 2007)