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jueves, 18 de junio de 2026

Abuela, abuelo...

          

         I         

La abuela husmeaba el negro entre sus trapos
y cortaba cebollas y lloraba
a solas desde antes de nacer
con un llanto que aún vive en la cocina.  
Curvada como un párpado con sueño
sobre una vieja tabla a turnos sigue
entre sus tercas grietas repartiendo
el mismo golpe, un solo llanto, un hueco.          
Ella está allí y no la vemos; ella
se ha ido y vuelve siempre cuando el viento
corta oscuras cebollas desde el cielo
sobre la dura tabla de la tierra.
Y si hacemos silencio la escuchamos.
Y nos quedamos a llorar con ella.


II 

El abuelo volaba en su paraguas
y la lluvia golpeaba en los oídos
el derrumbe del cielo. Y sonreía.
Nunca dejó que nadie le llevara
su compañero en tantas tempestades;
y lo volvía siempre a su rincón
goteando sucia nube hasta secarlo.
El abuelo hoy se ha ido y ya no vuelve.
Pero el paraguas sigue en aquel patio
y hay que dejarlo allí porque es posible
que regrese un invierno y ya no tenga
con qué cubrir su sombra y llueva siempre;
debe seguir allí donde reposa
en un rincón aunque no espere a nadie
con sus alas plegadas navegando
cisne de luto el polvo de la tarde...

 

         Jorge Meretta 

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