Tu mano era mi mano desde siempre,tu voz mi voz, y yo no lo sabía.Anduve con tu sombraal lado de la míapor mortales caminosy celestes orillas.Eras un sueño en busca de mi frentepara nacer, y yo no lo sabía.Ya mis ojos usaron la bellezay fueron en sedienta cacería—con su lastimadurade límites y aristas—al pámpano desnudoy a la rosa vestida,buscándote desde los miradorescon el Amor—Que—Todo—Lo—Imagina.Cuando tú fuiste la increíble imagenyo era la sed y el vaso y la bebida.Las puertas y los frascos,cubiertos de ceniza,guardaban el perfumede la melancolía,mientras los palomares te esperabancon el Amor—Que—Nada—Te—Imagina.Aunque la providencia me negarael alimento para la alegría,aunque me entristecierasla intemperie divinacon pájaros calladosy sombras pensativas,aunque olvidaras, aunque no existieras,mi corazón igual te cantaría.
María Elena Walsh






