¡Qué serena va el agua!
Silencios unifica.
Espadas de cristal
a la deriva esquivan,
¡lenta espera!, sus filos:
el mar las necesita.
Pero un frescor, errante,
por el río extravía
voces enamoradas:
piden, juran, recitan
¡pulso de la corriente!
¡cómo late!: delira.
Bajo las aguas, cielos
íntimos se deslizan.
La corola del aire
profundo se ilumina.
Van más enamoradas
las voces. Van, ansían.
Yo quisiera, quisiera...
Todo el río suspira.
Jorge Guillén
