Cinacinas de mi pago
aguerridas y longevas,
lozanas en cualquier parte,
crecidas en donde quiera.
Ariscas y desgarbadas
(mas no faltas de belleza)
a orillas del caserío
donde viven con modestia.
Cómo podría olvidarlas,
si allá en mi niñez lejana
fueron verdes mis veranos
y de amarilla fragancia.
Las recuerdan mis pupilas
enfiladas en los cercos,
aquí y allá en el camino,
solitarias en los cerros…
Imposible imaginar
nuestro paisaje sin ellas,
adonde los ojos iban
estaban fieles y quietas.
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